La semana pasada publicó Mario Vargas Llosa, mi querido maestro, un atinado comentario en torno a la capacidad de transformación de Estados Unidos a la llegada del presidente Obama. Le asistía la razón. La agilidad demostrada por dicho gobierno a menos de una semana de haber accedido al poder no deja de sorprender. Los hechos son tercos, decía un filósofo francés. ¿Qué el resultado se debe a que los estadounidenses ésta vez sí acertaron y le concedieron la mayoría demócrata al congreso federal? Cierto. Justo es decir también que el electorado de aquel país se equivocó gravemente al haber reelecto a Bush, Bush, el mendaz, tal y como pasará, por lo menos a la historia, sobre todo después de haberse descubierto la más siniestra mentira de su administración: en Irak nunca existieron armas de destrucción masiva. ¿Bush hubiera enviado a la armada yanqui a Irak si éste hubiera sido el principal productor mundial de naranjas sin hueso o bombardeó despiadadamente una nación inocente porque se trataba nada menos que de uno de los principales abastecedores de petróleo?
Al punto. De la misma manera en que un barco se acerca a una tormenta el capitán debe arriar las enormes velas para oponer menos resistencia a la fuerza demoledora de los vientos y orientar el bajel en la forma más conveniente para enfrentar la violencia de las olas, entre otras medidas, pues bien, los gobiernos también deben apresurarse a adoptar las políticas pertinentes cuando las primeras brisas anuncian la presencia inminente de un colosal meteoro dotado de un formidable poder destructivo desconocido en los tiempos modernos. ¿Qué EU tiene la inmensa ventaja de no contar con un congreso dividido? Cierto. ¿Y los mexicanos ya aprendimos de los horrores de contar con un congreso dividido que nosotros mismos elegimos para lograr una vez más la parálisis legislativa? Se elige a un Jefe de Estado y se le amarran las manos a través de las cámaras de representantes para, acto seguido, alegar que se trata de un inepto. ¿Qué no se le pueden dar tantos poderes a un presidente y a su partido? ¡Ah!, entonces es mejor inmovilizarlo, petrificarlo para impedirle llevar a cabo las reformas estructurales prometidas a lo largo de la campaña electoral.
Es escasa, cuando no nula, la capacidad de transformación de los mexicanos, una nación integrada mayoritariamente por conservadores amantes del inmovilismo. Todo tiempo pasado fue mejor. Nos convertimos en el país de lo irreversible e irreversiblemente nos estamos hundiendo día con día de tal manera que México es un país vivo, sí, pero con el tiempo estamos dejando de ser un país viable. Ni un paso atrás, pero eso sí, tampoco uno adelante
La petrificación nacional ha producido efectos devastadores como el hecho de contar en la actualidad con más de 45 millones de personas sepultadas en la miseria, sin olvidar a los 30 millones de mexicanos que viven en EU. ¿A eso se llama tomar medidas oportunas para evitar una debacle? ¿Dónde está la velocidad de respuesta cuando el petróleo mexicano se agota, se contrae la economía temerariamente, entramos en recesión, se declara la imposibilidad de crecer, se caen los ingresos por las remesas nos mantienen quienes huyeron del país por hambre, se deprimen las exportaciones, se dispara el desempleo, decae la inversión extranjera, baja la captación de divisas por turismo, se dispara el déficit comercial
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Se deben derogar pero ¡ya!, los impuestos y cargas a las nóminas y sustituirlos por gravámenes al consumo para facilitar y abaratar la contratación de mano de obra, preservar y aumentar las tasas de empleo incorporando a la formalidad a millones de trabajadores que tendrían sus Afores para ayudar con su ahorro al financiamiento del desarrollo. ¿Respuesta? Nada. Se debe instrumentar la reforma eléctrica, la petrolera, la laboral, la turística, la del Estado, la del Poder Judicial, mostrar músculo legislativo, capacidad de transformación, temperamento para adecuar el barco insignia de la nación a las condiciones impuestas por el temporal. Nada. Los congresistas y los burócratas, ajenos a la catástrofe que viene porque en cualquier coyuntura tienen asegurado, ellos sí, su cheque quincenal, cantan una deliciosa canción mientras serruchan la rama sobre la que están sentados
Siempre existirá un pretexto para evitar la transformación. Salinas la impulsó a medias, justo es decirlo. Sólo que hoy en día, requerimos de mecanismos ágiles, de audacia, de temperamento emprendedor, de coraje, de visión de futuro, de romper con patrones conservadores, de superar la postración retardataria, de modificar velozmente la realidad imperante, de alterar las condiciones reinantes, de luchar ferozmente en contra de la adversidad, de sumar esfuerzos, de tomarnos de la mano, de dar un rudo golpe de timón en el puente de mando para dirigirnos hacia otros horizontes, de cambiar la ruta de colisión con determinación y sin perder de vista la brújula y bla, bla, bla y otro bla
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