El frustrado intento de los consejeros del Instituto Federal Electoral para aumentarse el 46 por ciento de sus percepciones justo en el inicio de una crisis económica sin precedentes en nada abona a la confiabilidad de las autoridades electorales. Uno de ellos me confiaba que lo único que deseaban es que no se perdiera su capacidad adquisitiva en dólares. Así, sin asomo de pena alguna. Los consejeros del IFE no son los únicos. En un reportaje de la revista Transparencia &Corrupción (www.revistatransparencia) se documenta la inequidad de la que hacen gala también los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
De entrada, perciben ingresos superiores al Presidente de la República en un 110%; es decir, tienen un sueldo base de 316, 982 pesos mensuales en comparación con 148, 015 del titular del Poder Ejecutivo Federal. Las cosas no se quedan ahí. Al hacer un comparativo entre México, Estados Unidos, Canadá y España, los resultados son indignantes. En efecto, mientras los magistrados del TEPJF perciben salarios de 28 mil dólares al tipo de cambio actual, sus contrapartes en Estados Unidos reciben 17 mil dólares, en Canadá, 20 mil y en España, 13 mil dólares americanos.
Del otro lado del mostrador, al investigar el monto de los sueldos mínimos mensuales, las cifras resultan aterradoras para nosotros. En México, un trabajador obtiene 130 dólares mensuales, en España, 994, en Canadá, 1090 y en Estados Unidos, 1100. El mundo al revés. En la base de la pirámide social los mexicanos ganan una miseria, pero en la cúspide sucede exactamente lo contrario. Si uno se cuestiona cuántos salarios mínimos mensuales cuesta en cada país un magistrado electoral o su equivalente, las cifras siguen la misma línea. En efecto, mientras en España un magistrado cuesta 14 salarios mínimos, en Estados Unidos, 15 y en Canadá, 20, en México- óigalo bien- cuesta ¡200! salarios mínimos; es decir, el 1000 por ciento más en relación a su más cercana referencia, Canadá. Pero no se enoje, esto apenas comienza. Si se compara cuántos ayudantes tiene cada staff o ponencia de cada magistrado los datos son coherentes con lo que aquí se afirma. En España, los asistentes cuestan 26 mil dólares, en Canadá, 30 mil, en Estados Unidos, 40 mil y en México, ¡170 mil dólares! Esto significa que en Estados Unidos, Canadá y España tienen entre 2 y 5 personas en las ponencias, en México tienen 34, incluidas la nada despreciable cifra de 10 secretarias y dos camionetas, una de ellas blindadas, entre muchos apoyos más.
La capacidad de asombro sigue. Al revisar 30 minutos de la navegación de las páginas web por todas las computadoras del TEPJF, otorgado por la propia institución como un dato modélico, se observa que sólo el 3% del tiempo de navegación corresponde a páginas relacionadas directamente con las actividades jurisdiccionales y el 97% a otros rubros, entre ellos páginas de contenido erótico y medicamentos para la disfunción eréctil más un largo etcétera. Por supuesto, nuestros magistrados, secretarios de estudio y cuenta y personal de apoyo tienen derecho a navegar por donde quieran, pero no con las computadoras pagadas por la sociedad, el servidor de internet cargado al erario y en su horario de trabajo. Esos son los garantes de la democracia electoral mexicana pintados de cuerpo entero.
Por todo lo anterior, es necesario que la iniciativa de Ley de Salarios Máximos se descongele y se apruebe, de suerte que la autonomía constitucional no sirva de coartada para servirse sin medida de los recursos de la comunidad. Y es necesario que la ley sea aprobada porque la moral pública está ausente en México. Es verdad que los magistrados podrían autorizarse un salario menor en el marco de sus atribuciones, pero no lo hacen porque ponen delante su interés personal sobre el interés público. Por si lo anterior fuera poco, el TEPJF ha retirado de su encargo a la maestra Gabriela Vargas, como directora general de la unidad de enlace. Su falta: abrir la información y estar comprometida con el derecho a saber y el cumplimiento escrupuloso de la ley. Desde tiempo atrás he criticado al TEPJF por sus excesos, pero quiero dejar constancia de la enorme valía de la maestra Vargas cuya ausencia es presagio de una cerrazón informativa en ese órgano jurisdiccional en perjuicio de todos. Se sacrifica al mensajero, pero se deja a salvo el mensaje que ofende a la sociedad.
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