miércoles, 29 de abril de 2009

El efecto de los gérmenes

En el magnífico libro Armas, gérmenes y acero, se pregunta por qué Europa occidental acabó dominando a las demás regiones del mundo. El biólogo comienza su investigación con un gran enigma: ¿Por qué fue el rey Carlos I de España el que conquistó al emperador inca Atahualpa y no lo contrario? ¿Cómo es posible que Francisco Pizarro con una tropa de 169 soldados haya sojuzgado a uno de los pueblos más desarrollados de América que contaba con un ejército de ochenta mil efectivos?

Parte de la explicación tiene que ver con el desarrollo tecnológico del acero y de las armas que permitió una superioridad en la capacidad de guerrear de los europeos frente a los americanos. Pero en la conquista inca pesó más el tema de los gérmenes.

Diamond argumenta que hoy, gracias a descubrimientos de la biología molecular, sabemos que muchas epidemias de enfermedades humanas evolucionaron de epidemias de enfermedades animales. La viruela puede haber evolucionado de la domesticación de los camellos. El sarampión se desarrolló de una enfermedad del ganado domesticado. Las poblaciones euroasiáticas tuvieron contacto con estos animales hace once mil años y sufrieron múltiples epidemias que diezmaron sus poblaciones. Gradualmente los euroasiáticos desarrollaron inmunidad y resistencia genética a estas enfermedades de origen animal. Pero los indígenas americanos, que no tenían grandes animales domésticos salvo las llamas, nunca desarrollaron dicha protección. Cuando los españoles llegaron a América, los indígenas ya estaban derrotados: no tenían defensas en contra de los gérmenes que traían consigo los conquistadores. Antes de poder pelear eficazmente, se enfermaron y murieron. Diamond menciona que hasta el 95% de la población indígena pudo haber perecido por causa de los gérmenes euroasiáticos.

Diamond cuenta, por ejemplo, que en 1540 el conquistador Hernando de Soto llegó a la región sudeste de lo que hoy son los Estados Unidos. El español encontró pueblos abandonados en su camino. Todos los indios habían muertos de enfermedades como la viruela, sarampión, tifus e influenza. ¿Cómo fue posible? Años antes otros conquistadores europeos habían bajado a la costa norteamericana con todo y sus animales, incluyendo los cerdos, mamífero domesticado en Asia que luego pasó a Europa, y que, hoy se sabe, es el originario de enfermedades como la influenza y la sarna. La sola presencia de estos animales, con todo y sus gérmenes, produjo una devastación no sólo de los indígenas sino de toda la flora y fauna de la región.

En cuanto a lo que hoy es México, Diamond menciona que ocurrió lo mismo que con los incas. Un ejército reducido de españoles sometió al imperio azteca, pueblo guerrero, desarrollado y con una capital esplendorosa como era la Gran Tenochtitlán. La principal arma que tuvieron los europeos a su favor fueron los gérmenes. Una epidemia de viruela, por ejemplo, mató al emperador Cuitláhuac. En Ensayo sobre la historia de la población: México y el Caribe, Sherburne Cook y Woodrow Borah calculan "que la población en México disminuyó de 25.2 millones en 1518 a 700 mil personas en 1623", ¡una caída del 97% de los habitantes originales! ¿La razón? Las grandes epidemias, en particular de viruela, según muestran estudios históricos.

Así que cuando hablamos de epidemias, los mexicanos tenemos razones históricas para alarmarnos. Esta región ya fue devastada por gérmenes que eran desconocidos para la población. Escribo esto no con el ánimo de alertar más a la población ahora que hay una epidemia de influenza porcina. Todo lo contrario. Hoy, a diferencia de hace quinientos años, la sociedad está mejor organizada, cuenta con apoyo internacional y, sobre todo, existe un desarrollo científico impresionante.

Todavía no hay números definitivos, pero quizá haya un centenar de fallecidos a causa del virus de la influenza porcina. Sin embargo, como ha dicho Armando Ahued, secretario de salud del gobierno capitalino: "hay que destacar que sí hay pacientes recuperados. El medicamento con el que contamos sí está funcionando y este mensaje debe dar calma a la población, por eso es de alta importancia que, si presentan algún síntoma, acudan de inmediato al doctor". La epidemia actual es curable si se detecta a tiempo. Todo indica que no tenemos frente a nosotros otro cuadro apocalíptico como el ocurrido en tiempos de la conquista.

Eso, por supuesto, no borra el efecto psicológico de este asunto. Conforme crece la cobertura noticiosa sobre la epidemia, es normal que la gente sienta temor y hasta pánico. Las escenas en las calles tampoco ayudan. De pronto, la ciudad de México está vacía, los eventos se cancelan y las pocas personas que salen a las calles se ponen un tapabocas. Todo mundo se mira con recelo. Se cree que el vecino está contagiado. También comienzan las hipocondrías. Imaginariamente se sienten los síntomas de la gripa porcina. Muchos asisten al doctor para calmar su miedo y ansiedad.

El efecto psicológico está muy correlacionado con la cobertura mediática sobre la epidemia. A mayor amplitud y profundidad de la noticia, mayor miedo se genera. Ciertamente, la falta de información pone nerviosa a la gente. Pero, paradójicamente, el mismo sentimiento se produce cuando hay mucha información. De ahí la necesidad de informar bien, pero equilibradamente. Sin amarillismo ni estridencia. Alertar a la población sin generar pánico. Ese es el reto del gobierno y de los medios en esta coyuntura crítica.

Hay razones para estar preocupados. Nuestra historia no nos ayuda. La Gran Tenochtitlán ya fue devastada una vez por los gérmenes. Pero en esta ocasión tenemos buenos motivos para estar tranquilos: hoy sabemos que hay una epidemia (los aztecas no lo sabían) y la nueva cepa de influenza es curable si se detecta a tiempo. Por lo pronto, que cada quien se proteja a sí mismo y a su familia para evitar el contagio. Simple y sencillamente: hay que cuidarse siguiendo las indicaciones de las autoridades. Así de sencillo, aunque suene desesperante.

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