En el magnífico libro Armas, gérmenes y acero, se pregunta por qué Europa occidental acabó dominando a las demás regiones del mundo. El biólogo comienza su investigación con un gran enigma: ¿Por qué fue el rey Carlos I de España el que conquistó al emperador inca Atahualpa y no lo contrario? ¿Cómo es posible que Francisco Pizarro con una tropa de 169 soldados haya sojuzgado a uno de los pueblos más desarrollados de América que contaba con un ejército de ochenta mil efectivos?
Parte de la explicación tiene que ver con el desarrollo tecnológico del acero y de las armas que permitió una superioridad en la capacidad de guerrear de los europeos frente a los americanos. Pero en la conquista inca pesó más el tema de los gérmenes.
Diamond argumenta que hoy, gracias a descubrimientos de la biología molecular, sabemos que muchas epidemias de enfermedades humanas evolucionaron de epidemias de enfermedades animales. La viruela puede haber evolucionado de la domesticación de los camellos. El sarampión se desarrolló de una enfermedad del ganado domesticado. Las poblaciones euroasiáticas tuvieron contacto con estos animales hace once mil años y sufrieron múltiples epidemias que diezmaron sus poblaciones. Gradualmente los euroasiáticos desarrollaron inmunidad y resistencia genética a estas enfermedades de origen animal. Pero los indígenas americanos, que no tenían grandes animales domésticos salvo las llamas, nunca desarrollaron dicha protección. Cuando los españoles llegaron a América, los indígenas ya estaban derrotados: no tenían defensas en contra de los gérmenes que traían consigo los conquistadores. Antes de poder pelear eficazmente, se enfermaron y murieron. Diamond menciona que hasta el 95% de la población indígena pudo haber perecido por causa de los gérmenes euroasiáticos.
Diamond cuenta, por ejemplo, que en 1540 el conquistador Hernando de Soto llegó a la región sudeste de lo que hoy son los Estados Unidos. El español encontró pueblos abandonados en su camino. Todos los indios habían muertos de enfermedades como la viruela, sarampión, tifus e influenza. ¿Cómo fue posible? Años antes otros conquistadores europeos habían bajado a la costa norteamericana con todo y sus animales, incluyendo los cerdos, mamífero domesticado en Asia que luego pasó a Europa, y que, hoy se sabe, es el originario de enfermedades como la influenza y la sarna. La sola presencia de estos animales, con todo y sus gérmenes, produjo una devastación no sólo de los indígenas sino de toda la flora y fauna de la región.
En cuanto a lo que hoy es México, Diamond menciona que ocurrió lo mismo que con los incas. Un ejército reducido de españoles sometió al imperio azteca, pueblo guerrero, desarrollado y con una capital esplendorosa como era la Gran Tenochtitlán. La principal arma que tuvieron los europeos a su favor fueron los gérmenes. Una epidemia de viruela, por ejemplo, mató al emperador Cuitláhuac. En Ensayo sobre la historia de la población: México y el Caribe, Sherburne Cook y Woodrow Borah calculan "que la población en México disminuyó de 25.2 millones en 1518 a 700 mil personas en 1623", ¡una caída del 97% de los habitantes originales! ¿La razón? Las grandes epidemias, en particular de viruela, según muestran estudios históricos.
Así que cuando hablamos de epidemias, los mexicanos tenemos razones históricas para alarmarnos. Esta región ya fue devastada por gérmenes que eran desconocidos para la población. Escribo esto no con el ánimo de alertar más a la población ahora que hay una epidemia de influenza porcina. Todo lo contrario. Hoy, a diferencia de hace quinientos años, la sociedad está mejor organizada, cuenta con apoyo internacional y, sobre todo, existe un desarrollo científico impresionante.
Todavía no hay números definitivos, pero quizá haya un centenar de fallecidos a causa del virus de la influenza porcina. Sin embargo, como ha dicho Armando Ahued, secretario de salud del gobierno capitalino: "hay que destacar que sí hay pacientes recuperados. El medicamento con el que contamos sí está funcionando y este mensaje debe dar calma a la población, por eso es de alta importancia que, si presentan algún síntoma, acudan de inmediato al doctor". La epidemia actual es curable si se detecta a tiempo. Todo indica que no tenemos frente a nosotros otro cuadro apocalíptico como el ocurrido en tiempos de la conquista.
Eso, por supuesto, no borra el efecto psicológico de este asunto. Conforme crece la cobertura noticiosa sobre la epidemia, es normal que la gente sienta temor y hasta pánico. Las escenas en las calles tampoco ayudan. De pronto, la ciudad de México está vacía, los eventos se cancelan y las pocas personas que salen a las calles se ponen un tapabocas. Todo mundo se mira con recelo. Se cree que el vecino está contagiado. También comienzan las hipocondrías. Imaginariamente se sienten los síntomas de la gripa porcina. Muchos asisten al doctor para calmar su miedo y ansiedad.
El efecto psicológico está muy correlacionado con la cobertura mediática sobre la epidemia. A mayor amplitud y profundidad de la noticia, mayor miedo se genera. Ciertamente, la falta de información pone nerviosa a la gente. Pero, paradójicamente, el mismo sentimiento se produce cuando hay mucha información. De ahí la necesidad de informar bien, pero equilibradamente. Sin amarillismo ni estridencia. Alertar a la población sin generar pánico. Ese es el reto del gobierno y de los medios en esta coyuntura crítica.
Hay razones para estar preocupados. Nuestra historia no nos ayuda. La Gran Tenochtitlán ya fue devastada una vez por los gérmenes. Pero en esta ocasión tenemos buenos motivos para estar tranquilos: hoy sabemos que hay una epidemia (los aztecas no lo sabían) y la nueva cepa de influenza es curable si se detecta a tiempo. Por lo pronto, que cada quien se proteja a sí mismo y a su familia para evitar el contagio. Simple y sencillamente: hay que cuidarse siguiendo las indicaciones de las autoridades. Así de sencillo, aunque suene desesperante.
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miércoles, 29 de abril de 2009
miércoles, 1 de abril de 2009
El retrato de México en los EU
Regreso de los EU con una preocupación: la cobertura que la televisión de ese país le está dando a México. En mi viaje observé varios reportes de las cadenas de televisión y los canales noticiosos. En todos noté una cobertura alarmista, estridente, desequilibrada y sin matices.
Aclaro que todas las historias que vi son ciertas. El crecimiento del crimen organizado en México. Las seis mil ejecuciones del año pasado. El incremento en los secuestros y extorciones. El control que los delincuentes tienen de ciertos territorios. El peligro de que la violencia se pase al otro lado del Río Bravo. Sería una necedad negar esta realidad. Pero lo que no vi es el otro lado de la moneda. La gran demanda de drogas que existe en los EU y que alimenta el negocio de los narcotraficantes. La exportación de armas estadounidenses, propias del mejor ejército, a los delincuentes mexicanos. El esfuerzo del gobierno de México por restablecer la autoridad del Estado. Los policías y soldados honestos que han muerto en esta guerra. También es una necedad negar esta realidad.
Joseph Stalin decía que "la muerte de un millón de soldados soviéticos es una estadística; la muerte de un soldado soviético es una tragedia". Los productores de los noticieros estadounidenses siguen este principio. Saben que al público no le interesan las estadísticas; son las tragedias lo que más atrae a las audiencias. En este sentido, observé varias historias personales que efectivamente ponen los pelos de punta. La de una familia estadounidense secuestrada en Tijuana que vivió horas aciagas creyendo que los matarían. La de una balacera a plena luz del día en una avenida de Ciudad Juárez. Lo que no vi fueron las otras historias. La del junkie texano que viene a picarse a Nuevo Laredo. O la del soldado oaxaqueño que murió acribillado en el cumplimiento de su deber en Reynosa.
No hay duda: México se ha convertido en noticia en los EU. Por un lado, la guerra en contra del terrorismo ya no atrae la misma atención en los estadounidenses en la medida en que no ha habido un atentado en su territorio desde el 11 de septiembre del 2001. La guerra en Irak ya tampoco tiene la misma cobertura debido a que la violencia en ese país ha caído. Además, los estadounidenses pronto abandonarán esa nación. Lo que hoy llama la atención, por razones obvias, es la crisis económica. Pero no todo el noticiero se puede dedicar a las penurias de la economía. De ahí la necesidad de encontrar nuevos temas. Y resulta que en el vecino del sur, tan cerca, hay una guerra violenta con historias de gran valor noticioso: decapitados, pozoleros, policías corruptos, ciudadanos exasperados y delincuentes multimillonarios.
Nadie puede dudar del valor periodístico de esta realidad. Lo que falta es equilibrio. Se extrañan los matices. Al ver estas coberturas, uno piensa que todo México es igual. Que Querétaro es Juárez. O que cualquier estadounidense puede ser secuestrado en Vallarta como efectivamente ocurre en Tijuana. Nadie menciona, por cierto, que las ciudades más violentas de México están en la frontera con los EU. ¿Por qué será?
Sobre la frontera, la mejor cobertura que he visto fue la de Anthony Bourdain. Se trata de un chef neoyorquino que viaja por todo el mundo buscando experiencias culinarias únicas. Hace poco viajó a la franja fronteriza entre México y los EU. Definió el lado mexicano como "pueblos construidos para satisfacer el apetito legítimo y de otro tipo de los gabachos [ ] Son más para nosotros. Un lugar anónimo donde podemos satisfacer nuestros impulsos más oscuros y salvajes. Es más un reflejo del lado estadounidense, que del verdadero México". Me pareció una definición muy atinada. Mejor que la de cualquier periodista. Por desgracia, el programa de Bourdain aparece en el Travel Channel y no en las principales cadenas estadounidenses.
La verdad es que no me sorprende lo estridente y alarmista de la cobertura de México en los EU. Y es que así es la televisión en ese país. En el magnífico libro The Culture of Fear: Why Americans Are Afraid of the Wrong Things, el sociólogo Barry Glassner, comprueba como la televisión de los EU asusta a sus audiencias: "Los programas noticiosos televisivos sobreviven gracias al espanto. En los programas locales, donde los productores viven bajo el dictado de ?si sangra, sale', las historias sobre drogas, crimen y desastres constituyen la mayor porción de las noticias [ ] Después de la cena, vienen los programa de magazine noticioso cuyas principales guías parecen ser que no hay peligro chico que no pueda ser magnificado como una pesadilla nacional". Por eso, por ejemplo, los estadounidenses piensan que el crimen crece en sus comunidades cuando estadísticamente está bajando. Una historia escandalosa, estridente y alarmante cambia la percepción de lo que realmente ocurre.
Tengo amigos y parientes que residen en los EU. Me llama la atención el miedo con que viven. Constantemente se están cuidando de enfermedades raras. Leen los avisos de los juguetes para ver qué peligros engendran. Creen que la violencia llegará a su vecindario en cualquier momento. Todo porque vieron alguna noticia alarmante en el noticiero. No sorprende, entonces, que ahora se rehúsen a viajar a México. Y si vienen, por razones familiares, se regresan rápido. Piensan que los que vivimos en México estamos locos. Nos cuestionan si no tenemos miedo a que nos secuestren o asesinen. Nos ven raro por vivir en este país de bárbaros, tal y como nos retratan sus televisoras. Lo que pocos saben es que hay lugares igual de peligrosos que Ciudad Juárez en los EU. Que se den una vuelta por Anacostia para ver cómo se vive en este barrio de la capital estadounidense. Eso, por supuesto, si la policía les permite entrar.
Aclaro que todas las historias que vi son ciertas. El crecimiento del crimen organizado en México. Las seis mil ejecuciones del año pasado. El incremento en los secuestros y extorciones. El control que los delincuentes tienen de ciertos territorios. El peligro de que la violencia se pase al otro lado del Río Bravo. Sería una necedad negar esta realidad. Pero lo que no vi es el otro lado de la moneda. La gran demanda de drogas que existe en los EU y que alimenta el negocio de los narcotraficantes. La exportación de armas estadounidenses, propias del mejor ejército, a los delincuentes mexicanos. El esfuerzo del gobierno de México por restablecer la autoridad del Estado. Los policías y soldados honestos que han muerto en esta guerra. También es una necedad negar esta realidad.
Joseph Stalin decía que "la muerte de un millón de soldados soviéticos es una estadística; la muerte de un soldado soviético es una tragedia". Los productores de los noticieros estadounidenses siguen este principio. Saben que al público no le interesan las estadísticas; son las tragedias lo que más atrae a las audiencias. En este sentido, observé varias historias personales que efectivamente ponen los pelos de punta. La de una familia estadounidense secuestrada en Tijuana que vivió horas aciagas creyendo que los matarían. La de una balacera a plena luz del día en una avenida de Ciudad Juárez. Lo que no vi fueron las otras historias. La del junkie texano que viene a picarse a Nuevo Laredo. O la del soldado oaxaqueño que murió acribillado en el cumplimiento de su deber en Reynosa.
No hay duda: México se ha convertido en noticia en los EU. Por un lado, la guerra en contra del terrorismo ya no atrae la misma atención en los estadounidenses en la medida en que no ha habido un atentado en su territorio desde el 11 de septiembre del 2001. La guerra en Irak ya tampoco tiene la misma cobertura debido a que la violencia en ese país ha caído. Además, los estadounidenses pronto abandonarán esa nación. Lo que hoy llama la atención, por razones obvias, es la crisis económica. Pero no todo el noticiero se puede dedicar a las penurias de la economía. De ahí la necesidad de encontrar nuevos temas. Y resulta que en el vecino del sur, tan cerca, hay una guerra violenta con historias de gran valor noticioso: decapitados, pozoleros, policías corruptos, ciudadanos exasperados y delincuentes multimillonarios.
Nadie puede dudar del valor periodístico de esta realidad. Lo que falta es equilibrio. Se extrañan los matices. Al ver estas coberturas, uno piensa que todo México es igual. Que Querétaro es Juárez. O que cualquier estadounidense puede ser secuestrado en Vallarta como efectivamente ocurre en Tijuana. Nadie menciona, por cierto, que las ciudades más violentas de México están en la frontera con los EU. ¿Por qué será?
Sobre la frontera, la mejor cobertura que he visto fue la de Anthony Bourdain. Se trata de un chef neoyorquino que viaja por todo el mundo buscando experiencias culinarias únicas. Hace poco viajó a la franja fronteriza entre México y los EU. Definió el lado mexicano como "pueblos construidos para satisfacer el apetito legítimo y de otro tipo de los gabachos [ ] Son más para nosotros. Un lugar anónimo donde podemos satisfacer nuestros impulsos más oscuros y salvajes. Es más un reflejo del lado estadounidense, que del verdadero México". Me pareció una definición muy atinada. Mejor que la de cualquier periodista. Por desgracia, el programa de Bourdain aparece en el Travel Channel y no en las principales cadenas estadounidenses.
La verdad es que no me sorprende lo estridente y alarmista de la cobertura de México en los EU. Y es que así es la televisión en ese país. En el magnífico libro The Culture of Fear: Why Americans Are Afraid of the Wrong Things, el sociólogo Barry Glassner, comprueba como la televisión de los EU asusta a sus audiencias: "Los programas noticiosos televisivos sobreviven gracias al espanto. En los programas locales, donde los productores viven bajo el dictado de ?si sangra, sale', las historias sobre drogas, crimen y desastres constituyen la mayor porción de las noticias [ ] Después de la cena, vienen los programa de magazine noticioso cuyas principales guías parecen ser que no hay peligro chico que no pueda ser magnificado como una pesadilla nacional". Por eso, por ejemplo, los estadounidenses piensan que el crimen crece en sus comunidades cuando estadísticamente está bajando. Una historia escandalosa, estridente y alarmante cambia la percepción de lo que realmente ocurre.
Tengo amigos y parientes que residen en los EU. Me llama la atención el miedo con que viven. Constantemente se están cuidando de enfermedades raras. Leen los avisos de los juguetes para ver qué peligros engendran. Creen que la violencia llegará a su vecindario en cualquier momento. Todo porque vieron alguna noticia alarmante en el noticiero. No sorprende, entonces, que ahora se rehúsen a viajar a México. Y si vienen, por razones familiares, se regresan rápido. Piensan que los que vivimos en México estamos locos. Nos cuestionan si no tenemos miedo a que nos secuestren o asesinen. Nos ven raro por vivir en este país de bárbaros, tal y como nos retratan sus televisoras. Lo que pocos saben es que hay lugares igual de peligrosos que Ciudad Juárez en los EU. Que se den una vuelta por Anacostia para ver cómo se vive en este barrio de la capital estadounidense. Eso, por supuesto, si la policía les permite entrar.
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