Cuando, a finales de 2000, dialogué con el célebre ex comandante Guillermo González Calderoni, en McAllen, Texas, no sólo narró algunos de sus trabajos sucios, realizados bajo órdenes de Carlos Salinas según dijo, entre ellos los asesinatos de Francisco Javier Ovando y Gil Heráldez, dirigentes del neocardenista Frente Democrático Nacional, en vísperas de los fraudulentos comicios de 1988, sino dejó entrever que labraba una fortuna gracias a una singular actividad "Los Cómplices", Océano, 2001-:
--Es el principal exportar de ropa usada a México me explicó un informante-. El rubro es, desde luego, ilegal... pero en este momento es el mejor negocio, tan redituable como el narcotráfico.
--¿No estamos exagerando?
--Para nada. Una paca de ropa usada, de 120 kilos aproximadamente, puede valer tres dólares en Estados Unidos en esa fecha, se entiende-, y en México, la comerciarla, produce hasta cinco mil dólares. Es un negocio hijo de la pobreza, de la mendicidad más bien, bajo los basamentos del narcotráfico.
Por ello, claro, a González Calderón, asesinado precisamente en McAllen dos años después de nuestra entrevista, precisamente el 5 de febrero de 2003, el mercadeo mencionado le venía como anillo al dedo conocidas sus interrelaciones con el llamado "capo del Golfo", Juan García Ábrego, aprehendido en 1997 y extraditado a la Unión Americana mediando un acta de nacimiento con la que se le endilgó la nacionalidad estadounidense.
En marzo de 2002, conversé con un célebre reo del penal de "alta seguridad" de Almoloya, el defenestrado general Jesús Gutiérrez Rebollo, considerado fugazmente, por sólo unos meses, el "zar antidrogas mexicano" hasta que fue recluido por sus presuntos vínculos con el "señor de los cielos", Amado Carrillo Fuentes "Confidencias Peligrosas", Océano, 2002-. El ex mílite, luego de lanzar severos señalamientos contra el general Enrique Cervantes Aguirre, ex secretario de la Defensa Nacional lo fue durante el periodo presidencial de Ernesto Zedillo-, se refirió a una de las principales fuentes de complicidades en la cúpula del poder. Le pregunté, en concreto, por Jaime Camil Garza, multimillonario y muy cercano amigo de quien fungió como presidente de México entre 1994, tras la sangre política derramada, y 2000, el año de la alternancia:
--¿Camil? meditó el general-. Uno de los hombres fuertes, ¿eh? Yo sé que tiene la representación en México para la venta de armas y, sobre todo, de los muy socorridos tanques anfibios Panart, de fabricación francesa.
--El gran intermediario, entonces.
--Para cuanto se refiere a los pertrechos militares, sí. No le ha ido mal.
Dos grandes redes exitosas bajo el influjo de las grandes sociedades soterradas entre quienes ejercen el poder. Cada sexenio, los reacomodos son, por lo mismo, turbulentos. Pero la esencia de los negocios pervive. No es sólo el narcotráfico, como muchas veces se subraya, sino cuanto deviene de las estructuras paralelas, Durante todos estos años mantuvimos las denuncias en nuestros foros periodísticos sin que se dieran aclaraciones por parte de los involucrados. Tampoco hubo seguimientos por parte de la autoridad que tiende a evadir responsabilidades salvo cuando los escándalos asfixian y convulsionan o llega el dictado de las líneas superiores a los órganos de justicia y sus titulares, cerrados a sus propias iniciativas y a la demanda de justicia por parte de un colectivo sin amparo. Los casos duermen hasta que la superioridad los despierta.
Hace unos días, el embajador de México ante los Estados Unidos, Arturo Saruhkán Casamitjana hijo, por cierto del ex rector de la UNAM, José Saruhkán Kermes-, solicitó al presidente estadounidense, Barack Obama, quien todavía vive la euforia de la asunción a pesar de los traspiés que le han obligado a modificar su gabinete inicial, su intervención para frenar el contrabando de armas hacia México, elemento toral para la proliferación de grupos subversivos, bandas delincuenciales y pandillas, en un entorno de creciente violencia que ya es observado, por la misma Casa Blanca, como uno de los más serios peligros contra la estabilidad de la mayor potencia de nuestra era. En este sentido, poco a poco, nuestro país va ganándole relevancia al convulso Medio Oriente sobre el cual volcó el temible clan Bush sus mayores andanadas.
Desde luego, no es un secreto que a lo largo de la frontera entre México y los Estados Unidos, considerada la más transitada en el mundo, funcionan a todo vapor, nada menos, mil quinientas armerías en las cuales, sin agobio ni mayores requisitos, cualquier ciudadano puede adquirir un espléndido poder de fuego, similar o mayor a los de uno de los intransitables marines especializados en invasiones y otras tormentas. No son pocas las familias, además, que poseen, en sus domicilios, verdaderos arsenales bajo el prurito de estar prestos a defenderse ante el agobio de los predadores sociales en el sur, por ejemplo, son más los indocumentados convertidos en presas de cacería que los facinerosos listos a asaltar centros comerciales-, mientras el gobierno deshoja las margaritas.
Durante la administración foxista, precisamente, se recrudeció la importación de armas. Se estima que en ese lapso entraron a territorio nacional, sobre todo procedentes de las armerías fronterizas, ¡cuatro millones trescientas mil armas! Suficientes, desde luego, para pertrechar a los ejércitos de las naciones ubicadas al sur del Bravo y hasta la Patagonia. Desde luego, como la mayor parte de ellas se introdujeron ilegalmente no hay registro alguno sobre las mismas. Este dato, además, fue corroborado durante una reunión, en enero de 2008, entre el procurador mexicano, Eduardo Medina-Mora, y el entonces fiscal estadounidense, Michael Mukasey quienes dieron salida al proyecto "Gunrrunner" destinado a rastrear armamento a través de la franja fronteriza.
Un año y un mes después, el embajador Saruhkán insiste en que las medidas hasta ahora tomadas son, cuando menos, insuficientes. Las ejecuciones sumarias y los índices de criminalidad en aumento sobre el territorio nacional son pruebas más que fehacientes. Y, como es costumbre, la reacción acaso llega demasiado tarde.
Debate. Me llegan mensajes, anónimos por supuesto, en el sentido de que es necesario un "acuerdo" entre el gobierno de México y los capos del narcotráfico para detener "el reguero de cadáveres" y la consiguiente inseguridad general a cambio de medidas tales como la legalización de consumo de marihuana tal y como propusieron los ex presidentes Zedillo, de México, Cardoso, de Brasil, y Gaviria, de Colombia-, y una mayor tolerancia al tráfico de estupefacientes sobre suelo mexicano:
--¿A nosotros, ciudadanos comunes, qué nos importa que hagan negocio los "cárteles"? Además, en Estados Unidos ni cosquillas les hacen...
Tal es la inquietante, perniciosa sentencia que conlleva un hecho incontrovertible: la evidente negligencia de los poderosos vecinos, acostumbrados a ver sólo paja en el ojo ajeno, incapaces de dar seguimiento, siquiera, a los grandes cargamentos con drogas una vez que vadean las mojoneras y el Bravo desde México. Ni padrinos ni "capos" ni "cárteles". Como si, por ejemplo, en la inmensa Nueva York la droga apareciera por encanto sin que hubiera un personaje central, con muy elevadas influencias, comercializándola a placer; y lo mismo en cada una de las urbes estadounidenses en donde comienzan a dispararse las alertas por la presencia, cada vez más numerosas, de mafiosos venidos del sur con amplia capacidad de consumo.
Así como las huellas se borran cuando llegan al linde entre nuestro país y el vecino que nos presiona, en materia de armas ocurre lo contrario: los rastros comienzan cuando pistolas, metralletas, rifles y hasta tanquetas, cruzan hacia México y se internan en las selvas urbanas dominadas por los grupos delincuenciales con coberturas multinacionales y poderosos contactos dentro de los gobiernos... de sendas naciones, no sólo del mexicano.
A estas alturas nadie puede decirse sorprendido. Pero de eso a proponer que se negocie con los capos, acaso al influjo de los mismos y sus operadores cibernéticos, esto es dentro y fuera del aparato gubernamental, hay una enorme distancia. Sería gravísimo que la "paz" se diera mediando un compromiso de no agresión, esto es para que los traficantes estuvieran a sus anchas, digamos como en los Estados Unidos, a costa de la degradación social que ello entraña. Tanto, sí, como una claudicación severísima de las instituciones arrolladas por las mafias dominantes.
Quizá por ello un personaje, ligado a las corporaciones policíacas, exaltó con su sarcasmo, ante este columnista, las penurias políticas:
--Ya tengo mi candidato para el 2012 me dijo, orondo-. ¡Ismael "el mayo" Zambada!
El famoso "capo", quien a punta de cirugías ha modificado varias veces su rostro, cumplió sesenta y un años el pasado mes de enero. Seguramente hubo "besamanos".
El reto. Los cómplices son las claves para descifrar los galimatías actuales. No se trata de aplicar el sambenito de la "cacería de brujas" sino, sencillamente, de encontrar los hilos conductores para armar el rompecabezas que tanto agobia a los mexicanos, masacrados además por los discursos oficiales recurrentes sobre "buenas intenciones" y promesas de "aplicar la ley hasta sus últimas consecuencias". ¡Cuántas veces estas palabras habrán sido saludadas con estentóreas carcajadas!
Armas, ropa usada, drogas. Tres de los laberintos en donde se han encontrado, a cada rato, los mafiosos y los funcionarios cooptados en el México de las simulaciones. Y luego hay quienes se sorprenden, como el zedillista Luis Téllez Kuenzler, secretario de Comunicaciones en la administración copada de Calderón, por los juegos de espionaje, los chantajes, las cintas infiltradas y los vídeos producidos con aviesos fines comiciales. Todos los afluentes llevan a la misma fuente original. Es cuestión, nada más, de seguir los cauces. Abundaremos.
La anécdota. En una de sus primeras entrevistas de prensa, convertido ya en un icono de las rebeliones esenciales, el famoso "subcomandante Marcos", identificado por la Procuraduría Generan desde 1995 como Rafael Sebastián Guillén Vicente, oriundo de Tampico, no se detuvo al especificar cómo había logrado armar a los neozapatistas:
--Es curioso develó, palabras más o menos-. Los mandos militares, medios y altos, ofrecen armas en el mercado negro. Y allí fuimos adquiriendo, poco a poco, nuestros pertrechos.
Aquella declaración, sin embargo, no fue destacada ni siquiera por el cotidiano que la albergó. Se le dejó correr mientras se ponía énfasis en el perfil del hombre del pasamontañas que había puesto en jaque, declarándole la guerra, al propio ejército mexicano que después, en marzo de 2001, le serviría como escolta durante su primer periplo por el sur y el centro del país que remató, nada menos, en el Palacio de ¿Tendrá a mano esta información el embajador Saruhkán? Siquiera para que conozca cuál debiera ser el punto de arranque.
sábado, 21 de febrero de 2009
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