Me llegan al correo electrónico las quejas de no pocos candidatos, sobre todo de Acción Nacional, respecto a las campañas de descalificaciones de las que son objetos por parte de sus adversarios e incluso de críticos de diversas tendencias y con espacios en los medios informativos con presencia en cada plaza. Alguno de ellos, además, reclama su derecho a ser rico y tener ingresos fuera de las gestiones públicas como demostración fehaciente de su éxito personal ante un conglomerado asfixiado que, naturalmente, no le llega ni a los zapatos; y otro explica que por una sola noche de juerga le llaman borracho como si no fuera un ser humano común, con defectos incluidos, capaz de desfogarse de vez en cuando.
fin, las distorsiones son múltiples y por ello me abstengo de citar los nombres de los postulantes en ristre aun cuando cuento con registro puntual de cada uno de ellos porque, claro, de ganar las posiciones legislativas a las que se postularon cada justificación será un antecedente para moldear criterios respecto a los saldos de actuaciones y gestiones políticas llegada la hora. Es curioso: ninguno de los aludidos, ni siquiera por asomo de sencillez republicana, tolera el menor ejercicio de autocrítica lo que los ubica en el mismo plano de aquel legendario personaje del "polivoz", Eduardo Manzano, quien, contoneándose, exclamaba a los cuatros vientos sintiéndose arropado por la devoción de su progenitora:
--¡Ahí... madre!¡Ahí...! expresión grotesca de vanidad imparable en el linde de la egolatría-.
Porque, claro, en el palenque de la lid comicial, todos son aspirantes a la santidad. En las fotografías se les observa, muy orondos, compartiendo espacios con esposas, hijos y hasta nietos, en semicírculos entrañables en los que no tienen cabida reproches ni episodios deshonrosos como los que, por ejemplo, atosigaron a Sarah Palin, la derrotada aspirante republicana a la vicepresidencia de Estados Unidos presentada como madre de una menor de edad quien había gestado a una pequeñita fuera de tiempo y sin matrimonio. Fue entonces, ante este "descubrimiento", cuando los votantes comenzaron a cuestionarse si el carisma de la dama era tan superficial como su supuesta férrea moral; y acabó siendo arrollada por la opinión pública.
En México, en cambio, nos enteramos de algunas severas irregularidades personales de los hombres públicos cuando éstos ya ocupan cargos de elección popular y han tomado distancia respecto a quienes sufragaron por ellos. ¿Cómo habrían reaccionado las santiguadas damas con alcurnia religiosa, quienes convirtieron al católico Fox en icono de la cristiandad, de haberse enterado que intimaba con su vocera así fuera con sesgo platónico- mucho antes de matrimoniarse con ella sin reparar en las leyes de la Iglesia? Miles de votos, claro, se hubieran esfumado de las manos del fogoso Vicente quien casi convertía los templetes, en sus mítines, en prolongaciones de los púlpitos inviolables con el respaldo ilegal de las imágenes de la Guadalupana.
La cita, y lo asimilo, es delicada pero absolutamente válida porque se fundamente en hechos incontrovertibles. Y como él, otros aspirantes han centrado su propaganda en la unidad familiar sin exhibir sus verdaderos perfiles, muchas veces como desobligados alegando razones de entrega al trabajo- o incluso con episodios escandalosos en cuanto a amantes, riñas y desviaciones de distinto tipo. Pero tales asuntos se ocultan con el reclamo, tantas veces visceral, de respeto a la privacidad... aun cuando con ello se engañe al colectivo demandando un liderazgo moral que no poseen.
Ninguno asume tener defectos. Y esto, por sí, debiera llamar a sospecha. ¿Cómo es que los políticos se proponen siempre como un dechado de virtudes y acaban irremisiblemente satanizados? Observen, como muestras, a los ex presidentes: todos ellos fueron casi perfectos, según sus panegiristas y ellos mismos, hasta el momento de bajar los peldaños que les condujeron a la ciudadanía común bajo severas sospechas de prevaricación, sobre todo, pero también de excesos formidables en cada renglón de la vida social. De la cofradía de la mano caída y ésta se fundamenta en el amafiamiento y no en las preferencias sexuales que deben ser respetadas- a los abusadores infantiles de Cancún existe un amplio abanico de perversidades variopintas. Y bien lo sabemos.
No cuadran, por tanto, los amañados cuadros gregarios a veces como anuncio de acentuado nepotismo-, con las historias ciertas y los currículos forjados al calor de la vida misma en la que cada quien construye su propio entorno. Los dirigentes, y cuantos se ofrecen para "sacrificarse" en aras del servicio público, no surgen de la chistera de un mago sino del núcleo social en donde, tantas veces, pasan más bien desapercibidos hasta que son beneficiarios de una candidatura.
Basta, para corroborar lo anterior, preguntarnos unos a otros cuándo conocimos a quien hoy, retratado en miles de cartelones casi con aureola, se propone para ser representante de un colectivo que apenas lo está descubriendo. La falacia, entonces, cae por su propio peso.
Debate. Cuando se pregunta a cualquier postulante sobre sus defectos la recurrencia es hacia los lugares comunes: "me entrego demasiado al trabajo y descuido a mi familia", suelen repetir agolando las voces. Y así otras joyas: "me sublevo ante la mentira porque no la tolero", dijo por allí un juicioso aspirante arrogándose el derecho a arrojar del templo a los fariseos pero con riesgo a ser incluido entre éstos. Esto es: el fallo, en sus justificaciones de circunstancias, se exalta como cauce de sus propios y acendrados aciertos personales, sin matices.
Dicen que sería un espléndido negocio comprar a uno de estos candidatos en lo que de verdad valen y venderlos después en lo que ellos mismos creen que valen. Los márgenes de ganancia serían espléndidos, mucho mayores a los que devienen de los negocios más redituables del presente, el narcotráfico y el contrabando de armas, por ejemplo.
En lo personal, me encantaría decidirme a votar por aquel que, juicioso y sereno, ofreciera a la ciudadanía un pormenorizado recuento de sus propios errores proponiendo fórmulas para intentar enmendarlos. Y no sólo ponderar sus sonrisas, bienaventuranzas incluidas, que los elevan sobre una comunidad depauperada y triste por la recurrencia de falsarios convertidos en administradores de los bienes públicos. ¿Han escuchado, siquiera, a alguno de ellos disculparse, en serio, con quienes los eligieron por cuanto no fueron capaces de cumplir? Sólo uno me viene a la memoria, José López Portillo, quien en su discurso inaugural al asumir la Presidencia en diciembre de 1976 pidió perdón a los desposeídos "por no haber acertado a sacarlos de su postración". Pero aquel fue más bien un lance demagógico con mucho de histrionismo en la hora de su asunción al poder; luego, en el ostracismo, no admitió siquiera haber sido frívolo y le enfadaba ser calificado así pese a las evidencias incontrovertibles.
Bueno, la autocrítica también está ausente hasta en quienes no logran sus objetivos cualquiera que hayan sido las causas-, y no son capaces de meditar, siquiera un instante, sobre sus propios yerros. El caso más a la vista es, sin duda, el del autodesignado "presidente legítimo", quien envía misivas, con faltas de urbanidad política, a los jefes de Estado extranjeros la más reciente al presidente Obama- fustigando al sistema que, por otra parte, le permitió ser jefe del gobierno defeño jugando con las mismas reglas electorales a las que luego incordió. (Y tal no pretende, de manera alguna, obviar el tremendo desaseo en escrutinios e intervenciones de la cúpula del poder que acaso incidieron en el vuelco oficioso de las preferencias generales en 2006).
Pues bien, este personaje, ávido siempre de reflectores, ni siquiera se ha sentado un momento para reflexionar sobre las graves equivocaciones que se tradujeron en otro fraude mayúsculo: el cometido por él y sus operadores contra cuantos creyeron, votaron e hicieron causa común con él, al no haber sido capaz de defender y proteger, por las vías correspondientes y no por la exaltación callejera, tales sufragios y apoyos.
El reto. ¿Partido o candidato? Fíjense, amables lectores, que la distorsión superficial sobre derechas e izquierdas no es óbice para apreciar, en distintos escenarios, coincidencias notables en la praxis de elementos que supuestamente están separados por firmes cuestiones ideológicas. Dicho de otra manera: hay socialistas que proceden como conservadores y miembros de la elite social superior que acaban siendo vanguardistas.
Una tarde, durante la campaña presidencial de 1994, pregunté al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, quien nació entre algodones como heredero de un histórico ex presidente:
--Zedillo su adversario priísta- procede de una familia clasemediera y trabajadora; usted, en cambio, proviene de un hogar sin penurias económicas. ¿Cómo explicar las posturas de uno y otro de cara al electorado?
El michoacano, uno de los mexicanos más coherentes de cuantos conozco, me respondió sin titubeos:
--Lo importante es lo que representa cada uno: yo busco el bien colectivo y me anima el respaldo popular; él, en cambio, es un servidor de la oligarquía.
Por ello, claro, más vale examinar a los candidatos que votar ciegamente por los partidos bajo el supuesto de una fidelidad sectaria.
La anécdota. A finales de 1987, cuando Carlos Salinas se aprestaba a iniciar su campaña presidencial, se "filtró" la información acerca de que su adversario del PAN, Manuel Clouthier, preparaba un golpe tremendo: presentar a los familiares de una servidora doméstica, Manuela sin apellidos conocidos-, quien fue muerta en 1955 a causa de las jugarretas infantiles de los hermanos Salinas de Gortari y un vecinito de ellos. Fue entonces cuando Fernando Gutiérrez Barrios, entonces gobernador de Veracruz y operador político del candidato priísta, dio una particular réplica:
-Si Clouthier procede así, entonces tendremos que divulgar que él encierra a sus trabajadores cuando llegan a sus empresas los inspectores del Seguro Social para no darles el alta. Eso y otras cosas.
La advertencia, por lo visto, surtió efecto. Ni una cosa ni otra se produjeron en tanto avanzaba la convocatoria del Frente Democrático Nacional que postuló al ingeniero Cárdenas. Perfiles amañados y consecuencias funestas. Y hubo más, mucho más.
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sábado, 25 de abril de 2009
sábado, 21 de febrero de 2009
De Contrabandos
Cuando, a finales de 2000, dialogué con el célebre ex comandante Guillermo González Calderoni, en McAllen, Texas, no sólo narró algunos de sus trabajos sucios, realizados bajo órdenes de Carlos Salinas según dijo, entre ellos los asesinatos de Francisco Javier Ovando y Gil Heráldez, dirigentes del neocardenista Frente Democrático Nacional, en vísperas de los fraudulentos comicios de 1988, sino dejó entrever que labraba una fortuna gracias a una singular actividad "Los Cómplices", Océano, 2001-:
--Es el principal exportar de ropa usada a México me explicó un informante-. El rubro es, desde luego, ilegal... pero en este momento es el mejor negocio, tan redituable como el narcotráfico.
--¿No estamos exagerando?
--Para nada. Una paca de ropa usada, de 120 kilos aproximadamente, puede valer tres dólares en Estados Unidos en esa fecha, se entiende-, y en México, la comerciarla, produce hasta cinco mil dólares. Es un negocio hijo de la pobreza, de la mendicidad más bien, bajo los basamentos del narcotráfico.
Por ello, claro, a González Calderón, asesinado precisamente en McAllen dos años después de nuestra entrevista, precisamente el 5 de febrero de 2003, el mercadeo mencionado le venía como anillo al dedo conocidas sus interrelaciones con el llamado "capo del Golfo", Juan García Ábrego, aprehendido en 1997 y extraditado a la Unión Americana mediando un acta de nacimiento con la que se le endilgó la nacionalidad estadounidense.
En marzo de 2002, conversé con un célebre reo del penal de "alta seguridad" de Almoloya, el defenestrado general Jesús Gutiérrez Rebollo, considerado fugazmente, por sólo unos meses, el "zar antidrogas mexicano" hasta que fue recluido por sus presuntos vínculos con el "señor de los cielos", Amado Carrillo Fuentes "Confidencias Peligrosas", Océano, 2002-. El ex mílite, luego de lanzar severos señalamientos contra el general Enrique Cervantes Aguirre, ex secretario de la Defensa Nacional lo fue durante el periodo presidencial de Ernesto Zedillo-, se refirió a una de las principales fuentes de complicidades en la cúpula del poder. Le pregunté, en concreto, por Jaime Camil Garza, multimillonario y muy cercano amigo de quien fungió como presidente de México entre 1994, tras la sangre política derramada, y 2000, el año de la alternancia:
--¿Camil? meditó el general-. Uno de los hombres fuertes, ¿eh? Yo sé que tiene la representación en México para la venta de armas y, sobre todo, de los muy socorridos tanques anfibios Panart, de fabricación francesa.
--El gran intermediario, entonces.
--Para cuanto se refiere a los pertrechos militares, sí. No le ha ido mal.
Dos grandes redes exitosas bajo el influjo de las grandes sociedades soterradas entre quienes ejercen el poder. Cada sexenio, los reacomodos son, por lo mismo, turbulentos. Pero la esencia de los negocios pervive. No es sólo el narcotráfico, como muchas veces se subraya, sino cuanto deviene de las estructuras paralelas, Durante todos estos años mantuvimos las denuncias en nuestros foros periodísticos sin que se dieran aclaraciones por parte de los involucrados. Tampoco hubo seguimientos por parte de la autoridad que tiende a evadir responsabilidades salvo cuando los escándalos asfixian y convulsionan o llega el dictado de las líneas superiores a los órganos de justicia y sus titulares, cerrados a sus propias iniciativas y a la demanda de justicia por parte de un colectivo sin amparo. Los casos duermen hasta que la superioridad los despierta.
Hace unos días, el embajador de México ante los Estados Unidos, Arturo Saruhkán Casamitjana hijo, por cierto del ex rector de la UNAM, José Saruhkán Kermes-, solicitó al presidente estadounidense, Barack Obama, quien todavía vive la euforia de la asunción a pesar de los traspiés que le han obligado a modificar su gabinete inicial, su intervención para frenar el contrabando de armas hacia México, elemento toral para la proliferación de grupos subversivos, bandas delincuenciales y pandillas, en un entorno de creciente violencia que ya es observado, por la misma Casa Blanca, como uno de los más serios peligros contra la estabilidad de la mayor potencia de nuestra era. En este sentido, poco a poco, nuestro país va ganándole relevancia al convulso Medio Oriente sobre el cual volcó el temible clan Bush sus mayores andanadas.
Desde luego, no es un secreto que a lo largo de la frontera entre México y los Estados Unidos, considerada la más transitada en el mundo, funcionan a todo vapor, nada menos, mil quinientas armerías en las cuales, sin agobio ni mayores requisitos, cualquier ciudadano puede adquirir un espléndido poder de fuego, similar o mayor a los de uno de los intransitables marines especializados en invasiones y otras tormentas. No son pocas las familias, además, que poseen, en sus domicilios, verdaderos arsenales bajo el prurito de estar prestos a defenderse ante el agobio de los predadores sociales en el sur, por ejemplo, son más los indocumentados convertidos en presas de cacería que los facinerosos listos a asaltar centros comerciales-, mientras el gobierno deshoja las margaritas.
Durante la administración foxista, precisamente, se recrudeció la importación de armas. Se estima que en ese lapso entraron a territorio nacional, sobre todo procedentes de las armerías fronterizas, ¡cuatro millones trescientas mil armas! Suficientes, desde luego, para pertrechar a los ejércitos de las naciones ubicadas al sur del Bravo y hasta la Patagonia. Desde luego, como la mayor parte de ellas se introdujeron ilegalmente no hay registro alguno sobre las mismas. Este dato, además, fue corroborado durante una reunión, en enero de 2008, entre el procurador mexicano, Eduardo Medina-Mora, y el entonces fiscal estadounidense, Michael Mukasey quienes dieron salida al proyecto "Gunrrunner" destinado a rastrear armamento a través de la franja fronteriza.
Un año y un mes después, el embajador Saruhkán insiste en que las medidas hasta ahora tomadas son, cuando menos, insuficientes. Las ejecuciones sumarias y los índices de criminalidad en aumento sobre el territorio nacional son pruebas más que fehacientes. Y, como es costumbre, la reacción acaso llega demasiado tarde.
Debate. Me llegan mensajes, anónimos por supuesto, en el sentido de que es necesario un "acuerdo" entre el gobierno de México y los capos del narcotráfico para detener "el reguero de cadáveres" y la consiguiente inseguridad general a cambio de medidas tales como la legalización de consumo de marihuana tal y como propusieron los ex presidentes Zedillo, de México, Cardoso, de Brasil, y Gaviria, de Colombia-, y una mayor tolerancia al tráfico de estupefacientes sobre suelo mexicano:
--¿A nosotros, ciudadanos comunes, qué nos importa que hagan negocio los "cárteles"? Además, en Estados Unidos ni cosquillas les hacen...
Tal es la inquietante, perniciosa sentencia que conlleva un hecho incontrovertible: la evidente negligencia de los poderosos vecinos, acostumbrados a ver sólo paja en el ojo ajeno, incapaces de dar seguimiento, siquiera, a los grandes cargamentos con drogas una vez que vadean las mojoneras y el Bravo desde México. Ni padrinos ni "capos" ni "cárteles". Como si, por ejemplo, en la inmensa Nueva York la droga apareciera por encanto sin que hubiera un personaje central, con muy elevadas influencias, comercializándola a placer; y lo mismo en cada una de las urbes estadounidenses en donde comienzan a dispararse las alertas por la presencia, cada vez más numerosas, de mafiosos venidos del sur con amplia capacidad de consumo.
Así como las huellas se borran cuando llegan al linde entre nuestro país y el vecino que nos presiona, en materia de armas ocurre lo contrario: los rastros comienzan cuando pistolas, metralletas, rifles y hasta tanquetas, cruzan hacia México y se internan en las selvas urbanas dominadas por los grupos delincuenciales con coberturas multinacionales y poderosos contactos dentro de los gobiernos... de sendas naciones, no sólo del mexicano.
A estas alturas nadie puede decirse sorprendido. Pero de eso a proponer que se negocie con los capos, acaso al influjo de los mismos y sus operadores cibernéticos, esto es dentro y fuera del aparato gubernamental, hay una enorme distancia. Sería gravísimo que la "paz" se diera mediando un compromiso de no agresión, esto es para que los traficantes estuvieran a sus anchas, digamos como en los Estados Unidos, a costa de la degradación social que ello entraña. Tanto, sí, como una claudicación severísima de las instituciones arrolladas por las mafias dominantes.
Quizá por ello un personaje, ligado a las corporaciones policíacas, exaltó con su sarcasmo, ante este columnista, las penurias políticas:
--Ya tengo mi candidato para el 2012 me dijo, orondo-. ¡Ismael "el mayo" Zambada!
El famoso "capo", quien a punta de cirugías ha modificado varias veces su rostro, cumplió sesenta y un años el pasado mes de enero. Seguramente hubo "besamanos".
El reto. Los cómplices son las claves para descifrar los galimatías actuales. No se trata de aplicar el sambenito de la "cacería de brujas" sino, sencillamente, de encontrar los hilos conductores para armar el rompecabezas que tanto agobia a los mexicanos, masacrados además por los discursos oficiales recurrentes sobre "buenas intenciones" y promesas de "aplicar la ley hasta sus últimas consecuencias". ¡Cuántas veces estas palabras habrán sido saludadas con estentóreas carcajadas!
Armas, ropa usada, drogas. Tres de los laberintos en donde se han encontrado, a cada rato, los mafiosos y los funcionarios cooptados en el México de las simulaciones. Y luego hay quienes se sorprenden, como el zedillista Luis Téllez Kuenzler, secretario de Comunicaciones en la administración copada de Calderón, por los juegos de espionaje, los chantajes, las cintas infiltradas y los vídeos producidos con aviesos fines comiciales. Todos los afluentes llevan a la misma fuente original. Es cuestión, nada más, de seguir los cauces. Abundaremos.
La anécdota. En una de sus primeras entrevistas de prensa, convertido ya en un icono de las rebeliones esenciales, el famoso "subcomandante Marcos", identificado por la Procuraduría Generan desde 1995 como Rafael Sebastián Guillén Vicente, oriundo de Tampico, no se detuvo al especificar cómo había logrado armar a los neozapatistas:
--Es curioso develó, palabras más o menos-. Los mandos militares, medios y altos, ofrecen armas en el mercado negro. Y allí fuimos adquiriendo, poco a poco, nuestros pertrechos.
Aquella declaración, sin embargo, no fue destacada ni siquiera por el cotidiano que la albergó. Se le dejó correr mientras se ponía énfasis en el perfil del hombre del pasamontañas que había puesto en jaque, declarándole la guerra, al propio ejército mexicano que después, en marzo de 2001, le serviría como escolta durante su primer periplo por el sur y el centro del país que remató, nada menos, en el Palacio de ¿Tendrá a mano esta información el embajador Saruhkán? Siquiera para que conozca cuál debiera ser el punto de arranque.
--Es el principal exportar de ropa usada a México me explicó un informante-. El rubro es, desde luego, ilegal... pero en este momento es el mejor negocio, tan redituable como el narcotráfico.
--¿No estamos exagerando?
--Para nada. Una paca de ropa usada, de 120 kilos aproximadamente, puede valer tres dólares en Estados Unidos en esa fecha, se entiende-, y en México, la comerciarla, produce hasta cinco mil dólares. Es un negocio hijo de la pobreza, de la mendicidad más bien, bajo los basamentos del narcotráfico.
Por ello, claro, a González Calderón, asesinado precisamente en McAllen dos años después de nuestra entrevista, precisamente el 5 de febrero de 2003, el mercadeo mencionado le venía como anillo al dedo conocidas sus interrelaciones con el llamado "capo del Golfo", Juan García Ábrego, aprehendido en 1997 y extraditado a la Unión Americana mediando un acta de nacimiento con la que se le endilgó la nacionalidad estadounidense.
En marzo de 2002, conversé con un célebre reo del penal de "alta seguridad" de Almoloya, el defenestrado general Jesús Gutiérrez Rebollo, considerado fugazmente, por sólo unos meses, el "zar antidrogas mexicano" hasta que fue recluido por sus presuntos vínculos con el "señor de los cielos", Amado Carrillo Fuentes "Confidencias Peligrosas", Océano, 2002-. El ex mílite, luego de lanzar severos señalamientos contra el general Enrique Cervantes Aguirre, ex secretario de la Defensa Nacional lo fue durante el periodo presidencial de Ernesto Zedillo-, se refirió a una de las principales fuentes de complicidades en la cúpula del poder. Le pregunté, en concreto, por Jaime Camil Garza, multimillonario y muy cercano amigo de quien fungió como presidente de México entre 1994, tras la sangre política derramada, y 2000, el año de la alternancia:
--¿Camil? meditó el general-. Uno de los hombres fuertes, ¿eh? Yo sé que tiene la representación en México para la venta de armas y, sobre todo, de los muy socorridos tanques anfibios Panart, de fabricación francesa.
--El gran intermediario, entonces.
--Para cuanto se refiere a los pertrechos militares, sí. No le ha ido mal.
Dos grandes redes exitosas bajo el influjo de las grandes sociedades soterradas entre quienes ejercen el poder. Cada sexenio, los reacomodos son, por lo mismo, turbulentos. Pero la esencia de los negocios pervive. No es sólo el narcotráfico, como muchas veces se subraya, sino cuanto deviene de las estructuras paralelas, Durante todos estos años mantuvimos las denuncias en nuestros foros periodísticos sin que se dieran aclaraciones por parte de los involucrados. Tampoco hubo seguimientos por parte de la autoridad que tiende a evadir responsabilidades salvo cuando los escándalos asfixian y convulsionan o llega el dictado de las líneas superiores a los órganos de justicia y sus titulares, cerrados a sus propias iniciativas y a la demanda de justicia por parte de un colectivo sin amparo. Los casos duermen hasta que la superioridad los despierta.
Hace unos días, el embajador de México ante los Estados Unidos, Arturo Saruhkán Casamitjana hijo, por cierto del ex rector de la UNAM, José Saruhkán Kermes-, solicitó al presidente estadounidense, Barack Obama, quien todavía vive la euforia de la asunción a pesar de los traspiés que le han obligado a modificar su gabinete inicial, su intervención para frenar el contrabando de armas hacia México, elemento toral para la proliferación de grupos subversivos, bandas delincuenciales y pandillas, en un entorno de creciente violencia que ya es observado, por la misma Casa Blanca, como uno de los más serios peligros contra la estabilidad de la mayor potencia de nuestra era. En este sentido, poco a poco, nuestro país va ganándole relevancia al convulso Medio Oriente sobre el cual volcó el temible clan Bush sus mayores andanadas.
Desde luego, no es un secreto que a lo largo de la frontera entre México y los Estados Unidos, considerada la más transitada en el mundo, funcionan a todo vapor, nada menos, mil quinientas armerías en las cuales, sin agobio ni mayores requisitos, cualquier ciudadano puede adquirir un espléndido poder de fuego, similar o mayor a los de uno de los intransitables marines especializados en invasiones y otras tormentas. No son pocas las familias, además, que poseen, en sus domicilios, verdaderos arsenales bajo el prurito de estar prestos a defenderse ante el agobio de los predadores sociales en el sur, por ejemplo, son más los indocumentados convertidos en presas de cacería que los facinerosos listos a asaltar centros comerciales-, mientras el gobierno deshoja las margaritas.
Durante la administración foxista, precisamente, se recrudeció la importación de armas. Se estima que en ese lapso entraron a territorio nacional, sobre todo procedentes de las armerías fronterizas, ¡cuatro millones trescientas mil armas! Suficientes, desde luego, para pertrechar a los ejércitos de las naciones ubicadas al sur del Bravo y hasta la Patagonia. Desde luego, como la mayor parte de ellas se introdujeron ilegalmente no hay registro alguno sobre las mismas. Este dato, además, fue corroborado durante una reunión, en enero de 2008, entre el procurador mexicano, Eduardo Medina-Mora, y el entonces fiscal estadounidense, Michael Mukasey quienes dieron salida al proyecto "Gunrrunner" destinado a rastrear armamento a través de la franja fronteriza.
Un año y un mes después, el embajador Saruhkán insiste en que las medidas hasta ahora tomadas son, cuando menos, insuficientes. Las ejecuciones sumarias y los índices de criminalidad en aumento sobre el territorio nacional son pruebas más que fehacientes. Y, como es costumbre, la reacción acaso llega demasiado tarde.
Debate. Me llegan mensajes, anónimos por supuesto, en el sentido de que es necesario un "acuerdo" entre el gobierno de México y los capos del narcotráfico para detener "el reguero de cadáveres" y la consiguiente inseguridad general a cambio de medidas tales como la legalización de consumo de marihuana tal y como propusieron los ex presidentes Zedillo, de México, Cardoso, de Brasil, y Gaviria, de Colombia-, y una mayor tolerancia al tráfico de estupefacientes sobre suelo mexicano:
--¿A nosotros, ciudadanos comunes, qué nos importa que hagan negocio los "cárteles"? Además, en Estados Unidos ni cosquillas les hacen...
Tal es la inquietante, perniciosa sentencia que conlleva un hecho incontrovertible: la evidente negligencia de los poderosos vecinos, acostumbrados a ver sólo paja en el ojo ajeno, incapaces de dar seguimiento, siquiera, a los grandes cargamentos con drogas una vez que vadean las mojoneras y el Bravo desde México. Ni padrinos ni "capos" ni "cárteles". Como si, por ejemplo, en la inmensa Nueva York la droga apareciera por encanto sin que hubiera un personaje central, con muy elevadas influencias, comercializándola a placer; y lo mismo en cada una de las urbes estadounidenses en donde comienzan a dispararse las alertas por la presencia, cada vez más numerosas, de mafiosos venidos del sur con amplia capacidad de consumo.
Así como las huellas se borran cuando llegan al linde entre nuestro país y el vecino que nos presiona, en materia de armas ocurre lo contrario: los rastros comienzan cuando pistolas, metralletas, rifles y hasta tanquetas, cruzan hacia México y se internan en las selvas urbanas dominadas por los grupos delincuenciales con coberturas multinacionales y poderosos contactos dentro de los gobiernos... de sendas naciones, no sólo del mexicano.
A estas alturas nadie puede decirse sorprendido. Pero de eso a proponer que se negocie con los capos, acaso al influjo de los mismos y sus operadores cibernéticos, esto es dentro y fuera del aparato gubernamental, hay una enorme distancia. Sería gravísimo que la "paz" se diera mediando un compromiso de no agresión, esto es para que los traficantes estuvieran a sus anchas, digamos como en los Estados Unidos, a costa de la degradación social que ello entraña. Tanto, sí, como una claudicación severísima de las instituciones arrolladas por las mafias dominantes.
Quizá por ello un personaje, ligado a las corporaciones policíacas, exaltó con su sarcasmo, ante este columnista, las penurias políticas:
--Ya tengo mi candidato para el 2012 me dijo, orondo-. ¡Ismael "el mayo" Zambada!
El famoso "capo", quien a punta de cirugías ha modificado varias veces su rostro, cumplió sesenta y un años el pasado mes de enero. Seguramente hubo "besamanos".
El reto. Los cómplices son las claves para descifrar los galimatías actuales. No se trata de aplicar el sambenito de la "cacería de brujas" sino, sencillamente, de encontrar los hilos conductores para armar el rompecabezas que tanto agobia a los mexicanos, masacrados además por los discursos oficiales recurrentes sobre "buenas intenciones" y promesas de "aplicar la ley hasta sus últimas consecuencias". ¡Cuántas veces estas palabras habrán sido saludadas con estentóreas carcajadas!
Armas, ropa usada, drogas. Tres de los laberintos en donde se han encontrado, a cada rato, los mafiosos y los funcionarios cooptados en el México de las simulaciones. Y luego hay quienes se sorprenden, como el zedillista Luis Téllez Kuenzler, secretario de Comunicaciones en la administración copada de Calderón, por los juegos de espionaje, los chantajes, las cintas infiltradas y los vídeos producidos con aviesos fines comiciales. Todos los afluentes llevan a la misma fuente original. Es cuestión, nada más, de seguir los cauces. Abundaremos.
La anécdota. En una de sus primeras entrevistas de prensa, convertido ya en un icono de las rebeliones esenciales, el famoso "subcomandante Marcos", identificado por la Procuraduría Generan desde 1995 como Rafael Sebastián Guillén Vicente, oriundo de Tampico, no se detuvo al especificar cómo había logrado armar a los neozapatistas:
--Es curioso develó, palabras más o menos-. Los mandos militares, medios y altos, ofrecen armas en el mercado negro. Y allí fuimos adquiriendo, poco a poco, nuestros pertrechos.
Aquella declaración, sin embargo, no fue destacada ni siquiera por el cotidiano que la albergó. Se le dejó correr mientras se ponía énfasis en el perfil del hombre del pasamontañas que había puesto en jaque, declarándole la guerra, al propio ejército mexicano que después, en marzo de 2001, le serviría como escolta durante su primer periplo por el sur y el centro del país que remató, nada menos, en el Palacio de ¿Tendrá a mano esta información el embajador Saruhkán? Siquiera para que conozca cuál debiera ser el punto de arranque.
sábado, 31 de enero de 2009
Pobre Libertad
A finales de 2006 se encuestó a centenares de jóvenes españoles acerca de las profesiones más calificadas, según el registro de ellos mismos, para el futuro. Por supuesto, las del área de "humanidades" salieron con muy baja puntuación y las de "económicas" alcanzaron el tope. Esto es: se privilegian los ingresos a futuro sobre cualquier posibilidad de servicio social aun cuando, como sabemos, los despachos de abogados no suelen presentarse como altruistas ni los políticos andan a salto de mata en busca de sus ingresos cotidianos; pese a ello, a éstos sus fortunas les desnudan, incluso les presentan como corruptos, a diferencia de los insondables especuladores de altos capitales a quienes, más bien, les visten. Socialmente, el estatus define destinos y ampara ambiciones.
La vocación periodística igualmente se inscribió a la baja. Es, para decirlo sin eufemismos, de las más desprestigiadas. Y hay razón para ello: las proverbiales persecuciones a los "famosos", muchos de los cuales gozan del favor del público, y los constantes señalamientos a la supeditación de informaciones al "mejor postor", anulan el interés de quienes, en al arranque de sus vidas, se proponen no permanecer en los pantanos sino superarlos para vivir sin aflicciones. También, claro, la perspectiva de los altos riesgos que se afrontan y no sólo por los corresponsales de guerra sino por cualquiera que se anime a denunciar hechos comprometedores-, inhibe a los bisoños que apuestan por la tranquilidad y la existencia sin apreturas. La carrera, por tanto, es desdeñada desde dos ópticas completamente equidistantes, entre los vicios y los aceros.
Recuerdo que, alguna vez, uno de los jóvenes hijos de un director de diarios independientes, al conocerme y enterarse de los azarosos pasajes que han marcado mi andar por los caminos de la información, preguntó casi con aire inocente si tenía sentido afrontar tantos peligros y vicisitudes, con los consiguientes sacrificios personales y las auditorías permanentes de la opinión pública, escéptica con razón por tanto como se le ha ofendido y mentido, para cumplir la misión informativa. Le hablé, desde luego, de la vocación, de la trascendencia de asegurar la comunicación entre los seres humanos ejerciendo nuestra libertad y puntualicé:
--La crítica, por ejemplo, es un valioso contrapeso para frenar los abusos del poder y no sólo el político.
No sé si lo convencí pero aquel diálogo, refrescante y llano, me sirve para reflexionar a cada rato sobre las razones por las cuales debemos impulsarnos, cada día, hacia adelante. Acaso también nos impulsan las voces silentes de las tumbas que guardan a quienes han sido víctimas de la represión intelectual. Mientras más cercanas, y ya tocamos con las manos a centenares, mayor nuestro escudo interior aun cuando no por ello puedan disiparse las emboscadas.
Los agobios se repiten por doquier si bien no en todos los casos con igual repercusión en los medios. Más ahora cuando los reacomodos persisten en un clima agobiante que resalta los vacíos de poder y las disputas territoriales, lo mismo de cárteles en busca de dominios que de partidos demandantes de votos, ante un gobierno vulnerable, maniatado por sus limitaciones financieras y operativas-, cuyo rosario de "buenas intenciones" apenas alcanza para encoger los hombros de los escépticos, la mayor parte de los mexicanos. Ante un cuadro así es evidente la importancia del periodismo que mantiene velámenes de libertad sobre las andanadas de los mercenarios de siempre. Ya vienen las campañas, otra vez.
Llega a mi mesa de trabajo la valerosa denuncia de Ana Lilia Pérez, periodista, quien tuvo la osadía de indagar los redituables contubernios, políticos y económicos, entre un poderoso consorcio del norte, el de los hermanos Zaragoza "Zeta Gas" que integra, nada menos, ochenta empresas concesionarias de PEMEX-, y la familia Mouriño, arraigada en Campeche y de raíces gallegas, de la que salió un notable funcionario público, Juan Camilo, convertido en el "delfín" de la derecha institucional hasta su trágica muerte el pasado 4 de noviembre a la que oficialmente se califica como un "accidente", provocado claro por la impericia de dos pilotos con muchas horas de vuelo pero incapaces de vadear la turbulencia, provocada por una aeronave que precedió a la suya, cuando comenzaba el descenso al aeropuerto de la ciudad de México. Un misterio más que se suma a las escenografías habituales de nuestro sistema peculiar.
Ana Lilia optó por desaparecer dejando una grabación en la que indica su temor a ser confinada, perseguida por el delito de "daño moral" que llevó a la detención de su conocido editor, Miguel Badillo Cruz, por mucho tiempo especializado en las investigaciones sobre la manera de proceder de las mafias en México, sin que se diera ningún citatorio ni se cumpliera otra diligencia, esto es como si informar fuera un ilícito de lesa humanidad como lo es, claro, el narcotráfico y todas las secuelas del crimen organizado. A este extremo hemos llegado.
Por cierto, hace unas semanas fue aprehendido, en Chiapas, el ex fiscal general Mariano Herrán Salvatti, quien en otros tiempos fue también llamado "zar antidrogas"antes de ser designado procurador de Chiapas con el padrinazgo del ex gobernador Pablo Salazar, acusado por asociación delictuosa y peculado, entre otras causas graves. Lo señalo porque uno de las motivaciones de este personaje, a lo largo de su actuación gubernamental y con el consentimiento de Salazar, fue la de perseguir y reprimir a los críticos mediante la elaboración de leyes, aprobadas por un Congreso lacayuno, tendientes a elevar la coerción de los ilícitos frecuentemente relacionados con la actividad periodística difamación, calumnias y daño moral-, en ocasiones con razón y otras veces, muchas veces, consecuencias de la censura descarada y su cauce hacia la represión.
Desde luego, el procedimiento que se sigue a Herrán, a quien debería seguir otro contra su patrón Salazar, sirve para maldita la cosa luego de que dos editores, Conrado de la Cruz Jiménez y su hijo, perdieran sus vidas como consecuencia de la persecución contra ellos instrumentada, esto es por mantener la vigencia de la crítica en su diario, Cuarto Poder, contra el viento de la impudicia política. Otra vez, el tiempo vino a darnos la razón sin que con ello podamos paliar el dolor acumulado.
Debate. En 2005, en Ciudad Juárez, me advirtieron del peso tremendo, social y político, de las familias adineradas de la región, sobre todo los Zaragoza, los Bermúdez y los Fuentes. Por supuesto, algunas versiones sobre los feminicidios tendían a extender los chantajes a los rutilantes y hasta ahora intocables miembros de la aristocracia juarense tal y como asenté en el libro que Océano me editó al respecto y cuya pobre difusión de hecho, muy extraña- no inhibió a miles de lectores que buscaron los testimonios e incluso, en no pocos casos, los avalaron.
Los Zaragoza se cuecen aparte. Sus heredades son inmensas y van acompañando a los viajeros que se aproximan, por carretera, a la urbe fronteriza. Todos saben de su poder, esto es de su capacidad para instalar alcaldes e incluso gobernadores, financiándolos y avalándolos ante otros representantes del gran capital. Por supuesto, sus vinculaciones han sido de enorme calado a través de los años. No cualquiera, claro, goza del privilegio de mantener enlaces con la mayor paraestatal del país con amplios márgenes de maniobra. Desde la cercanía con el extinto profesor Carlos Hank González hasta los acuerdos soterrados con el que sería uno de los más poderosos clanes políticos de la derecha, los Mouriño con la carga del proyecto presidencial ahora trunco por la muerte de Juan Camilo.
Pero, la verdad, me resulta inexplicable que fueran los propios Zaragoza, en voz del mayor de ellos, quienes difundieran, en una entrevista con Ana Lilia Pérez, sus enjuagues, incluso para explicar sus nexos con los Mouriño y, por consiguiente, con el actual depositario del Ejecutivo federal, Felipe Calderón, quien pasó por la secretaría de Energía antes de convertirse en aspirante a la silla presidencial. Esto es: como si tuvieran prisa por develar los misterios de su encumbramiento acaso para extender mensajes sólo reconocibles entre líneas por sus recipiendarios.
De allí lo extraño de la cuestión. Primero, revelan los puntos oscuros y ellos mismos se colocan la soga al cuello; después, abogados en ristre, proceden en contra de la reportera, de su editor y de las publicaciones respectivas aduciendo que han sufrido "daño moral" al ser exhibidos públicamente. ¿Acaso no sopesaron tales riesgos al momento de extender sus declaraciones a una periodista quien, además, las grabó para no dejar dudas sueltas? La trama es verdaderamente sinuosa y no es sencilla de resolver.
No obstante, más allá de las dudas razonables, existe un hecho incontrovertible: Badillo fue detenido y confinado en el penal "El Torito" y Ana Lilia confronta una orden de aprehensión que le obliga a permanecer guarecida, como si fuera una criminal, a salto de mata. ¿Dónde queda la libertad ante los infundios jurídicos?
El reto. Ya hemos dicho que, en sentido contrario a lo que ocurre con los comunicadores, a las fuentes de información no se les puede acusar por acosar a quienes expresan comentarios y críticos reñidos con las líneas que ellos marcan. En cambio, al extender la figura del "daño moral" para sancionar incluso a quienes develen verdades, corroboradas, que los afectados consideren lesivas para su honra y estatus, se pretende encasillar la actividad periodística aprovechando, por supuesto, no sólo el clima de linchamiento prevaleciente sino también el desprestigio oficioso en el que se encasilla a todos por los pecados de unos cuantos.
La inmoralidad del procedimiento salta a la vista. Es evidente. Y, pese a ello, la rutina se mantiene como si de una Espada de Damocles, situada sobe las cabezas de los informadores, se tratara. A quienes ejercen la crítica, sin embargo, les queda un arma poderosísima: la autoridad moral que, tarde o temprano, se impone. Como en Chiapas... aunque mi viejo amigo Conrado ya no viva para ser justamente vindicado.
Lo más lamentable del caso que nos ocupa es el hilo conductor cuyo extremo llega a lo más alto de la pirámide del poder presidencial. Porque más allá de las buenas intenciones, a las que tantas veces se apunta el señor Calderón, es necesario responder con hechos para fortalecer los debates antes de optar por silenciar a las voces incómodas. Abundaremos.
La anécdota. Releo en "Los Escándalos" Grijalbo, 1999-, una sentencia que parecía entonces inapelable:
--Entiéndalo bien gruñó el director de un cotidiano de la ciudad de México especializado en temas económicos a sus reporteros-. En este sexenio el de Ernesto Zedillo-, nadie puede tocar a Guillermo Ortiz Martínez ni a Eduardo Fernández García. ¡Ah!, tampoco a Jaime Camil el padre, especializado en el contrabando de armas de acuerdo a infinidad de señalamientos-.
De aquel trío sobreviven dos, el primero y el último de la apretada lista. Pero se han agregado otros: entre ellos, los Mouriño más intocables tras su propia tragedia-, y los Zaragoza, protagonistas directos de una de las tramas más escandalosas del presente.
La vocación periodística igualmente se inscribió a la baja. Es, para decirlo sin eufemismos, de las más desprestigiadas. Y hay razón para ello: las proverbiales persecuciones a los "famosos", muchos de los cuales gozan del favor del público, y los constantes señalamientos a la supeditación de informaciones al "mejor postor", anulan el interés de quienes, en al arranque de sus vidas, se proponen no permanecer en los pantanos sino superarlos para vivir sin aflicciones. También, claro, la perspectiva de los altos riesgos que se afrontan y no sólo por los corresponsales de guerra sino por cualquiera que se anime a denunciar hechos comprometedores-, inhibe a los bisoños que apuestan por la tranquilidad y la existencia sin apreturas. La carrera, por tanto, es desdeñada desde dos ópticas completamente equidistantes, entre los vicios y los aceros.
Recuerdo que, alguna vez, uno de los jóvenes hijos de un director de diarios independientes, al conocerme y enterarse de los azarosos pasajes que han marcado mi andar por los caminos de la información, preguntó casi con aire inocente si tenía sentido afrontar tantos peligros y vicisitudes, con los consiguientes sacrificios personales y las auditorías permanentes de la opinión pública, escéptica con razón por tanto como se le ha ofendido y mentido, para cumplir la misión informativa. Le hablé, desde luego, de la vocación, de la trascendencia de asegurar la comunicación entre los seres humanos ejerciendo nuestra libertad y puntualicé:
--La crítica, por ejemplo, es un valioso contrapeso para frenar los abusos del poder y no sólo el político.
No sé si lo convencí pero aquel diálogo, refrescante y llano, me sirve para reflexionar a cada rato sobre las razones por las cuales debemos impulsarnos, cada día, hacia adelante. Acaso también nos impulsan las voces silentes de las tumbas que guardan a quienes han sido víctimas de la represión intelectual. Mientras más cercanas, y ya tocamos con las manos a centenares, mayor nuestro escudo interior aun cuando no por ello puedan disiparse las emboscadas.
Los agobios se repiten por doquier si bien no en todos los casos con igual repercusión en los medios. Más ahora cuando los reacomodos persisten en un clima agobiante que resalta los vacíos de poder y las disputas territoriales, lo mismo de cárteles en busca de dominios que de partidos demandantes de votos, ante un gobierno vulnerable, maniatado por sus limitaciones financieras y operativas-, cuyo rosario de "buenas intenciones" apenas alcanza para encoger los hombros de los escépticos, la mayor parte de los mexicanos. Ante un cuadro así es evidente la importancia del periodismo que mantiene velámenes de libertad sobre las andanadas de los mercenarios de siempre. Ya vienen las campañas, otra vez.
Llega a mi mesa de trabajo la valerosa denuncia de Ana Lilia Pérez, periodista, quien tuvo la osadía de indagar los redituables contubernios, políticos y económicos, entre un poderoso consorcio del norte, el de los hermanos Zaragoza "Zeta Gas" que integra, nada menos, ochenta empresas concesionarias de PEMEX-, y la familia Mouriño, arraigada en Campeche y de raíces gallegas, de la que salió un notable funcionario público, Juan Camilo, convertido en el "delfín" de la derecha institucional hasta su trágica muerte el pasado 4 de noviembre a la que oficialmente se califica como un "accidente", provocado claro por la impericia de dos pilotos con muchas horas de vuelo pero incapaces de vadear la turbulencia, provocada por una aeronave que precedió a la suya, cuando comenzaba el descenso al aeropuerto de la ciudad de México. Un misterio más que se suma a las escenografías habituales de nuestro sistema peculiar.
Ana Lilia optó por desaparecer dejando una grabación en la que indica su temor a ser confinada, perseguida por el delito de "daño moral" que llevó a la detención de su conocido editor, Miguel Badillo Cruz, por mucho tiempo especializado en las investigaciones sobre la manera de proceder de las mafias en México, sin que se diera ningún citatorio ni se cumpliera otra diligencia, esto es como si informar fuera un ilícito de lesa humanidad como lo es, claro, el narcotráfico y todas las secuelas del crimen organizado. A este extremo hemos llegado.
Por cierto, hace unas semanas fue aprehendido, en Chiapas, el ex fiscal general Mariano Herrán Salvatti, quien en otros tiempos fue también llamado "zar antidrogas"antes de ser designado procurador de Chiapas con el padrinazgo del ex gobernador Pablo Salazar, acusado por asociación delictuosa y peculado, entre otras causas graves. Lo señalo porque uno de las motivaciones de este personaje, a lo largo de su actuación gubernamental y con el consentimiento de Salazar, fue la de perseguir y reprimir a los críticos mediante la elaboración de leyes, aprobadas por un Congreso lacayuno, tendientes a elevar la coerción de los ilícitos frecuentemente relacionados con la actividad periodística difamación, calumnias y daño moral-, en ocasiones con razón y otras veces, muchas veces, consecuencias de la censura descarada y su cauce hacia la represión.
Desde luego, el procedimiento que se sigue a Herrán, a quien debería seguir otro contra su patrón Salazar, sirve para maldita la cosa luego de que dos editores, Conrado de la Cruz Jiménez y su hijo, perdieran sus vidas como consecuencia de la persecución contra ellos instrumentada, esto es por mantener la vigencia de la crítica en su diario, Cuarto Poder, contra el viento de la impudicia política. Otra vez, el tiempo vino a darnos la razón sin que con ello podamos paliar el dolor acumulado.
Debate. En 2005, en Ciudad Juárez, me advirtieron del peso tremendo, social y político, de las familias adineradas de la región, sobre todo los Zaragoza, los Bermúdez y los Fuentes. Por supuesto, algunas versiones sobre los feminicidios tendían a extender los chantajes a los rutilantes y hasta ahora intocables miembros de la aristocracia juarense tal y como asenté en el libro que Océano me editó al respecto y cuya pobre difusión de hecho, muy extraña- no inhibió a miles de lectores que buscaron los testimonios e incluso, en no pocos casos, los avalaron.
Los Zaragoza se cuecen aparte. Sus heredades son inmensas y van acompañando a los viajeros que se aproximan, por carretera, a la urbe fronteriza. Todos saben de su poder, esto es de su capacidad para instalar alcaldes e incluso gobernadores, financiándolos y avalándolos ante otros representantes del gran capital. Por supuesto, sus vinculaciones han sido de enorme calado a través de los años. No cualquiera, claro, goza del privilegio de mantener enlaces con la mayor paraestatal del país con amplios márgenes de maniobra. Desde la cercanía con el extinto profesor Carlos Hank González hasta los acuerdos soterrados con el que sería uno de los más poderosos clanes políticos de la derecha, los Mouriño con la carga del proyecto presidencial ahora trunco por la muerte de Juan Camilo.
Pero, la verdad, me resulta inexplicable que fueran los propios Zaragoza, en voz del mayor de ellos, quienes difundieran, en una entrevista con Ana Lilia Pérez, sus enjuagues, incluso para explicar sus nexos con los Mouriño y, por consiguiente, con el actual depositario del Ejecutivo federal, Felipe Calderón, quien pasó por la secretaría de Energía antes de convertirse en aspirante a la silla presidencial. Esto es: como si tuvieran prisa por develar los misterios de su encumbramiento acaso para extender mensajes sólo reconocibles entre líneas por sus recipiendarios.
De allí lo extraño de la cuestión. Primero, revelan los puntos oscuros y ellos mismos se colocan la soga al cuello; después, abogados en ristre, proceden en contra de la reportera, de su editor y de las publicaciones respectivas aduciendo que han sufrido "daño moral" al ser exhibidos públicamente. ¿Acaso no sopesaron tales riesgos al momento de extender sus declaraciones a una periodista quien, además, las grabó para no dejar dudas sueltas? La trama es verdaderamente sinuosa y no es sencilla de resolver.
No obstante, más allá de las dudas razonables, existe un hecho incontrovertible: Badillo fue detenido y confinado en el penal "El Torito" y Ana Lilia confronta una orden de aprehensión que le obliga a permanecer guarecida, como si fuera una criminal, a salto de mata. ¿Dónde queda la libertad ante los infundios jurídicos?
El reto. Ya hemos dicho que, en sentido contrario a lo que ocurre con los comunicadores, a las fuentes de información no se les puede acusar por acosar a quienes expresan comentarios y críticos reñidos con las líneas que ellos marcan. En cambio, al extender la figura del "daño moral" para sancionar incluso a quienes develen verdades, corroboradas, que los afectados consideren lesivas para su honra y estatus, se pretende encasillar la actividad periodística aprovechando, por supuesto, no sólo el clima de linchamiento prevaleciente sino también el desprestigio oficioso en el que se encasilla a todos por los pecados de unos cuantos.
La inmoralidad del procedimiento salta a la vista. Es evidente. Y, pese a ello, la rutina se mantiene como si de una Espada de Damocles, situada sobe las cabezas de los informadores, se tratara. A quienes ejercen la crítica, sin embargo, les queda un arma poderosísima: la autoridad moral que, tarde o temprano, se impone. Como en Chiapas... aunque mi viejo amigo Conrado ya no viva para ser justamente vindicado.
Lo más lamentable del caso que nos ocupa es el hilo conductor cuyo extremo llega a lo más alto de la pirámide del poder presidencial. Porque más allá de las buenas intenciones, a las que tantas veces se apunta el señor Calderón, es necesario responder con hechos para fortalecer los debates antes de optar por silenciar a las voces incómodas. Abundaremos.
La anécdota. Releo en "Los Escándalos" Grijalbo, 1999-, una sentencia que parecía entonces inapelable:
--Entiéndalo bien gruñó el director de un cotidiano de la ciudad de México especializado en temas económicos a sus reporteros-. En este sexenio el de Ernesto Zedillo-, nadie puede tocar a Guillermo Ortiz Martínez ni a Eduardo Fernández García. ¡Ah!, tampoco a Jaime Camil el padre, especializado en el contrabando de armas de acuerdo a infinidad de señalamientos-.
De aquel trío sobreviven dos, el primero y el último de la apretada lista. Pero se han agregado otros: entre ellos, los Mouriño más intocables tras su propia tragedia-, y los Zaragoza, protagonistas directos de una de las tramas más escandalosas del presente.
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