jueves, 30 de abril de 2009

Asunto: El Negocio de la Gripe

LIC. MANUEL CAMACHO SOLÍS,

PACIENTE DE GRIPE PORCINA:

*"Cualquier semejanza con la realidad es simple coincidencia".

En la cárcel y en la cama se conoce a los amigos, advierte el viejo proverbio. Por eso, independientemente de las diferencias que por cuestiones de política hemos tenido, te mando mis más sinceros deseos por el pronto restablecimiento de la gripe porcina que parece haberte atacado.

Con estas nuevas inconveniencias de toda índole que nos ha agregado a nuestras crisis ese brote epidémico, recordé algo que alguna vez escribí aquí, en CONFIDENCIAL. Se trató de una denuncia internacional a la que, obviamente, nadie puso atención porque atentaba contra los intereses del equipo de gobierno más poderoso del mundo. Lo encontré fechado el 14 de abril de 2006, titulado Los hombres del presidente y ahora lo recupero para tu lectura. Dice:

"No sería el primer 'supernegocio privado' que se autoriza desde la Casa Blanca,

pero como el actual gobierno estadounidense ha impulsado algunos que ya costaron muchas vidas en Iraq, le entrego el siguiente mensaje que recibí, extractado de una revista científica:

"¿Sabes que el virus de la gripe aviar fue descubierto hace nueve años en Vietnam?

"¿Sabes que desde entonces han muerto apenas 100 personas en todo el mundo todos estos años?

"'¿Sabes que los norteamericanos fueron los que alertaron de la eficacia del Tamiflu (antiviral humano) como preventivo?

"¿Sabes que el Tamiflu apenas alivia algunos síntomas de la gripe común?

"¿Sabes que su eficacia ante la gripe común está cuestionada por gran parte dela comunidad científica?

"¿Sabes que ante un supuesto virus mutante como el H5N1, el Tamiflu apenas alivia la enfermedad?

"¿Sabes que la gripe aviar hasta la fecha sólo afecta a las aves?

"¿Sabes quién comercializa el Tamiflu?:

"Laboratorios Roche.

"¿Sabes a quién compró Roche la patente del Tamiflu en 1996?

"A Gilead Sciences Inc.

"¿Sabes quién era el presidente de Gilead Sciences Inc. y aún hoy es el principal accionista?:

"Donald Rumsfeld, actual secretario de Defensa de USA.

"¿Sabes que la base del Tamiflu es el anís estrellado?

"¿Sabes quién se ha quedado con el 90 por ciento de la producción mundial de este árbol:

"Roche.

"¿Sabes que las ventas del Tamiflu pasaron de 254 millones de dólares en el 2004 a más de mil millones en el 2005?

"¿Sabes cuántos millones más puede ganar Roche en los próximos meses si sigue este negocio del miedo?

"O sea, que el resumen del cuento es el siguiente:

"Los amigos de Bush deciden que un fármaco como el Tamiflu es la solución para una pandemia que aún no se ha producido y que ha causado en todo el mundo 100 muertos en nueve años.

"Este fármaco no cura ni la gripe común.

"El virus no afecta a humanos en condiciones normales.

"Rumsfeld vende la patente del Tamiflu a Roche y ésta le paga una fortuna.

"Roche adquiere el 90 por ciento de la producción del anís estrellado, base del antivírico.

"'Los gobiernos de todo el mundo, amenazados con una pandemia, compran a Roche cantidades industriales del producto.

"Nosotros acabamos pagando el medicamento y Rumsfeld, Cheney y Bush hacen el negocio...

"¿Estamos locos, o somos idiotas…?".

Bueno, pues así estuvo la cosa, Manuel, en aquellos tiempos de la era Bush..., hijo.

¿En qué han cambiado?

Tal parece que en nada, pues ya trascendió desde la semana pasada que la gripe porcina ha generado un incremento de dos por ciento en las acciones de los Laboratorios Gilead; de cuatro por ciento en los de ¡Roche...! y de seis por ciento en los de Glaxo…

Ya sabemos que urge encontrar incentivos para la economía, que urge salir cuanto antes de la crisis.

¿Pero podrías imaginar a los cerdos como factores de la recuperación mundial?

Tal vez sí lo hayas pensado. Pero de otros cerdos, de los de dos piernas…

Cuídate y recupérate.

miércoles, 29 de abril de 2009

La tortura nunca queda en silencio

Nos rondan como fantasmas. Y se equivocan los que creen que lo vamos a olvidar. La tortura, como la masacre o el genocidio, nunca queda en silencio. Los hechos nunca quedan enterrados del todo.

Al contrario: Si los terribles actos de tortura no se investigan a fondo, arrastramos su memoria durante décadas y no podemos ver con claridad al futuro.

Lo que sabemos de las torturas es que cuatro memorandos secretos del Departamento de Justicia -hechos públicos con la autorización del presidente Barack Obama- prueban que agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) sometieron a dos prisioneros de la organización terrorista al Qaeda a una práctica conocida como "submarino" (o "waterboarding", en inglés). Durante los años 2002 y el 2003, estos prisioneros estuvieron a punto de ahogarse mediante este procedimiento en 266 ocasiones.

Barack Obama y el senador y ex candidato presidencial republicano, John McCain, consideran que esta práctica sí es tortura. El ex presidente George W. Bush y el ex vicepresidente Dick Cheney creen que no lo es. Pero, independientemente de la definición de "tortura", Obama prohibió ya esta práctica.

Cheney, en una entrevista con el canal Fox News, dijo que esas técnicas de interrogatorio fueron muy útiles y sugirió que la información obtenida permitió evitar otros actos terroristas contra Estados Unidos.

"Sí, funcionaron", dijo Cheney. "Nos mantuvieron seguros durante siete años".

Pero eso sólo lo sabe él y un pequeño grupo selecto. No es información pública. Y ahora el mismo Cheney, que siempre guardó un silencio sepulcral sobre este tipo de asuntos, está a favor de que se den a conocer otros memorandos para saber qué beneficios se obtuvieron de esas técnicas brutales de interrogatorio.

La pregunta es: ¿Qué hacer ahora? ¿Investigamos? ¿Se debe crear una comisión independiente sobre la tortura? Ninguna respuesta es fácil. Cualquier solución va a ser dolorosa.

El tema es muy delicado porque afecta los valores esenciales de Estados Unidos. Antes de los actos terroristas del 11 de septiembre del 2001, la política exterior de Estados Unidos se basaba en la promoción de la democracia, el libre comercio y los derechos humanos. Pero si se confirma que el gobierno de Bush torturó prisioneros, entonces se resquebrajaría la percepción que Estados Unidos tiene de sí mismo y se dañaría aún más la imagen de la nación en el mundo.

Pero aún así tenemos que saber qué pasó, para que no se repita.

Entiendo que éste es un serio problema político para Obama. Desde luego quiere evitarse meses y meses de testimonios polémicos en el Congreso sobre posibles torturas a prisioneros, sobre todo cuando el país necesita poner toda su atención en la recuperación económica.

"Me preocupa que esto se politice tanto que dejaríamos de funcionar de una manera eficaz", dijo el presidente recientemente.

Pero este es un tema que no se puede enterrar o hacerlo desaparecer como por arte de magia.

Los estadounidenses tienen derecho de saber exactamente qué pasó con los prisioneros de guerra en sus prisiones: en Abu Ghraib, en Guantánamo y en las prisiones secretas que instaló Estados Unidos en países aliados.

Y no sólo eso. Aún no sabemos las verdaderas razones por las que se desató la guerra contra Irak. Saddam Hussein, aunque era un dictador terrible, nada tuvo que ver con los actos terroristas del 9/11. Además, en Irak nunca se encontraron armas de destrucción masiva. Es preciso saber por qué realmente se inició esa guerra. Miles han muerto por esas decisiones.

Obama, es cierto, tiene muchas cosas urgentes con qué lidiar y prefiere ver hacia adelante. Pero no puede borrar la historia. Prometió transparencia durante la campaña y eso es lo que espera el 64 por ciento de los norteamericanos que, según una encuesta de la agencia de noticias The Associated Press, cree que el presidente está haciendo un buen trabajo al cumplir sus 100 primeros días en el poder.

Hay distintas formas de enfrentar el asunto de la tortura en Estados Unidos: desde una comisión parecida a la creada para analizar el 9/11 hasta audiencias congresionales e investigaciones dirigidas por el Departamento de Justicia. Lo que sea, menos quedarse callado.

Esto es lo que ocurre en las verdaderas democracias. Los gobernantes tienen que rendir cuentas a los gobernados. Y, luego, que se sepa la verdad. Caiga quien caiga.

El efecto de los gérmenes

En el magnífico libro Armas, gérmenes y acero, se pregunta por qué Europa occidental acabó dominando a las demás regiones del mundo. El biólogo comienza su investigación con un gran enigma: ¿Por qué fue el rey Carlos I de España el que conquistó al emperador inca Atahualpa y no lo contrario? ¿Cómo es posible que Francisco Pizarro con una tropa de 169 soldados haya sojuzgado a uno de los pueblos más desarrollados de América que contaba con un ejército de ochenta mil efectivos?

Parte de la explicación tiene que ver con el desarrollo tecnológico del acero y de las armas que permitió una superioridad en la capacidad de guerrear de los europeos frente a los americanos. Pero en la conquista inca pesó más el tema de los gérmenes.

Diamond argumenta que hoy, gracias a descubrimientos de la biología molecular, sabemos que muchas epidemias de enfermedades humanas evolucionaron de epidemias de enfermedades animales. La viruela puede haber evolucionado de la domesticación de los camellos. El sarampión se desarrolló de una enfermedad del ganado domesticado. Las poblaciones euroasiáticas tuvieron contacto con estos animales hace once mil años y sufrieron múltiples epidemias que diezmaron sus poblaciones. Gradualmente los euroasiáticos desarrollaron inmunidad y resistencia genética a estas enfermedades de origen animal. Pero los indígenas americanos, que no tenían grandes animales domésticos salvo las llamas, nunca desarrollaron dicha protección. Cuando los españoles llegaron a América, los indígenas ya estaban derrotados: no tenían defensas en contra de los gérmenes que traían consigo los conquistadores. Antes de poder pelear eficazmente, se enfermaron y murieron. Diamond menciona que hasta el 95% de la población indígena pudo haber perecido por causa de los gérmenes euroasiáticos.

Diamond cuenta, por ejemplo, que en 1540 el conquistador Hernando de Soto llegó a la región sudeste de lo que hoy son los Estados Unidos. El español encontró pueblos abandonados en su camino. Todos los indios habían muertos de enfermedades como la viruela, sarampión, tifus e influenza. ¿Cómo fue posible? Años antes otros conquistadores europeos habían bajado a la costa norteamericana con todo y sus animales, incluyendo los cerdos, mamífero domesticado en Asia que luego pasó a Europa, y que, hoy se sabe, es el originario de enfermedades como la influenza y la sarna. La sola presencia de estos animales, con todo y sus gérmenes, produjo una devastación no sólo de los indígenas sino de toda la flora y fauna de la región.

En cuanto a lo que hoy es México, Diamond menciona que ocurrió lo mismo que con los incas. Un ejército reducido de españoles sometió al imperio azteca, pueblo guerrero, desarrollado y con una capital esplendorosa como era la Gran Tenochtitlán. La principal arma que tuvieron los europeos a su favor fueron los gérmenes. Una epidemia de viruela, por ejemplo, mató al emperador Cuitláhuac. En Ensayo sobre la historia de la población: México y el Caribe, Sherburne Cook y Woodrow Borah calculan "que la población en México disminuyó de 25.2 millones en 1518 a 700 mil personas en 1623", ¡una caída del 97% de los habitantes originales! ¿La razón? Las grandes epidemias, en particular de viruela, según muestran estudios históricos.

Así que cuando hablamos de epidemias, los mexicanos tenemos razones históricas para alarmarnos. Esta región ya fue devastada por gérmenes que eran desconocidos para la población. Escribo esto no con el ánimo de alertar más a la población ahora que hay una epidemia de influenza porcina. Todo lo contrario. Hoy, a diferencia de hace quinientos años, la sociedad está mejor organizada, cuenta con apoyo internacional y, sobre todo, existe un desarrollo científico impresionante.

Todavía no hay números definitivos, pero quizá haya un centenar de fallecidos a causa del virus de la influenza porcina. Sin embargo, como ha dicho Armando Ahued, secretario de salud del gobierno capitalino: "hay que destacar que sí hay pacientes recuperados. El medicamento con el que contamos sí está funcionando y este mensaje debe dar calma a la población, por eso es de alta importancia que, si presentan algún síntoma, acudan de inmediato al doctor". La epidemia actual es curable si se detecta a tiempo. Todo indica que no tenemos frente a nosotros otro cuadro apocalíptico como el ocurrido en tiempos de la conquista.

Eso, por supuesto, no borra el efecto psicológico de este asunto. Conforme crece la cobertura noticiosa sobre la epidemia, es normal que la gente sienta temor y hasta pánico. Las escenas en las calles tampoco ayudan. De pronto, la ciudad de México está vacía, los eventos se cancelan y las pocas personas que salen a las calles se ponen un tapabocas. Todo mundo se mira con recelo. Se cree que el vecino está contagiado. También comienzan las hipocondrías. Imaginariamente se sienten los síntomas de la gripa porcina. Muchos asisten al doctor para calmar su miedo y ansiedad.

El efecto psicológico está muy correlacionado con la cobertura mediática sobre la epidemia. A mayor amplitud y profundidad de la noticia, mayor miedo se genera. Ciertamente, la falta de información pone nerviosa a la gente. Pero, paradójicamente, el mismo sentimiento se produce cuando hay mucha información. De ahí la necesidad de informar bien, pero equilibradamente. Sin amarillismo ni estridencia. Alertar a la población sin generar pánico. Ese es el reto del gobierno y de los medios en esta coyuntura crítica.

Hay razones para estar preocupados. Nuestra historia no nos ayuda. La Gran Tenochtitlán ya fue devastada una vez por los gérmenes. Pero en esta ocasión tenemos buenos motivos para estar tranquilos: hoy sabemos que hay una epidemia (los aztecas no lo sabían) y la nueva cepa de influenza es curable si se detecta a tiempo. Por lo pronto, que cada quien se proteja a sí mismo y a su familia para evitar el contagio. Simple y sencillamente: hay que cuidarse siguiendo las indicaciones de las autoridades. Así de sencillo, aunque suene desesperante.

No somos idiotas

Las autoridades federales y del Distrito Federal tienen una cosa en común: creen que somos idiotas. En casi seis días de epidemia de influenza, han ejecutado acciones sobre las rodillas, de manera no integral, sin importar que sean medidas radicales o insuficientes, y con una notable incapacidad para transmitir mensajes a la altura de la emergencia. En el camino, aplastan la Constitución y disputan absurdamente el protagonismo político. Inyectaron pánico a la sociedad, que cuando se entere que no le han estado hablando con toda la verdad, el paso a la indignación será corto.

El detonante fue el jueves 23 de abril a las 16 horas, cuando en la Secretaría de Salud federal recibieron una notificación del gobierno de Canadá sobre cepas de influenza que habían enviado para su análisis, que daban positivo sobre el virus denominado A-H1N1, que era una mutación del virus de la influenza porcina. A las 19 horas de ese mismo día, llegó la confirmación del Centro para la Prevención y el Control de Enfermedades en Atlanta (CDC), donde de las 18 cepas que revisaron, 17 dieron positivo, con el genotipo que habían encontrado en un paciente en California. El gobierno federal entró en su propio pánico.

A las 21 horas de ese jueves, el secretario de Salud, José Ángel Córdova, anunció la alerta de emergencia contra la influenza y dio a conocer, sin que se hubiera hablado con ninguna autoridad académica fuera de la Secretaría de Educación Pública, que al día siguiente no habría clases en toda la zona metropolitana. Lo que hizo Córdova fue esbozar un estado de excepción, contemplado en el artículo 29 constitucional, pero que no establece provisión para una alerta sanitaria. Además, ignoró al Consejo de Salubridad General, que de acuerdo con la Constitución es la segunda autoridad sanitaria del país después del Presidente.

El viernes 24 el Presidente se convocó al Consejo de Salubridad General. Ahí las autoridades de salud mostraron el mapa de la epidemia y explicaron que no había sido posible determinarla con la información que disponían. La reunión fue ríspida, y a varios incomodó que el subsecretario de Salud Mauricio Hernández les dijera que el virus era tan nuevo como "el sarampión" que trajo a México Hernán Cortés durante la Conquista (en realidad, lo que trajo fue la viruela). Adelantó que expertos de la Organización Mundial de Salud (OMS) estaban por llegar a México para hacer el modelo matemático del virus, y Córdova dijo que no eran dos entidades con casos sospechosos, sino cinco. Hubo consenso de que en el curso del fin de semana se anunciaría el regreso a clases para el jueves 30 de abril.

El sábado 25, varios participantes en la reunión escucharon a Córdova declarar a la prensa que "ni la mitad" de las entidades del país tenían casos sospechosos del virus, lo que ya contrastaba con la cifra de cinco de la noche anterior. Sorpresa mayor fue cuando el secretario de Educación, Alonso Lujambio, anunció que el regreso a clases sería hasta el jueves 6 de mayo. Con la molestia incubada, el lunes se celebró la siguiente reunión del Consejo de Salubridad, donde Córdova admitió que habían casos sospechosos en las 32 entidades del país.

En esa reunión cuestionaron al responsable del Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades, Miguel Ángel Lezana, quien no pudo entregar el perfil de los contagiados –edad, sexo, origen-. Tampoco pudo decir en dónde había sido origen del contagio, para que se pudiera estudiar a fondo el virus. Menos aún pudo dar la cifra exacta de contagios, lo que motivó la molestia de los especialistas por la falta de precisión en el dato epidemiológico.

Al desastre declarativo se sumó Javier Lozano, secretario de Trabajo, incapaz de dar una cifra precisa sobre ausentismo laboral –dijo que era entre 1 y 3%, ¿o sea 2%- y de la canciller Patricia Espinosa, que con el alud de opinión pública mundial negativa sobre México, guardó silencio sobre la liberación de la OMS para que cada país decida si prohíbe viajar a México, y no dijo nada que Estados Unidos ya emitió una alerta para no viajar a México.

El jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, hizo lo suyo. Se puso a competir con el gobierno federal por los espacios de opinión pública, con ruedas de prensa continuas donde no dijo prácticamente nada, y tomando acciones unilaterales y desorganizadas que sólo generaron inconformidad, como el cierre de los 35 mil restaurantes en la capital federal, ante la falta de una medida similar en el estado de México. Ebrard parece estar tapando culpas por el descontento en el sector salud capitalino contra su secretario, Armando Ahued, quien ocultó por seis días que tenían un casi de infección mortal de influenza con la orden de guardar silencio.

Ebrard puso a Ahued a dar entrevistas, donde da datos del avance de la enfermedad que antes había ocultado. Pero en las reuniones del Consejo de Salubridad General, es mudo. Lo único que ha hecho es congraciarse con la Secretaría de Salud federal, en la dicotomía sobre en dónde y cómo reconocen al gobierno federal. En público, Ebrard ignora que existe un Presidente constitucional; en privado pide ayuda. Su disputa es política, lucrando de un problema de salud pública.

En la suma, los dos gobiernos han jugado con la comunicación política y la inteligencia emocional de los mexicanos, aprovechando que el miedo afecta todavía más la inteligencia racional. Pero la influenza porcina es más grande que ellos y llegará el momento en que tengan que rendir cuentas a la población a la que han estado manipulando y engañando. Para esto, quizás, no falte mucho.

Malvado humor negro

Rumsfeld. Está clarísimo. Los gringos -gracias a la heroica insurrección sunnita- no pudieron apoderarse del petróleo de Irak. Esto produjo la actual crisis financiera. Entonces en sus laboratorios biotecnológicos secretos produjeron una nueva forma de influenza con la plena conciencia de que no existían vacunas para prevenirla, pero sí medicinas para curar sus efectos. Y esas medicinas eran propiedad de la compañía transnacional presidida por el exsecretario de la Defensa de EUA, Ronald Rumsfeld. Todos los infectados tendrían que comprar esas medicinas, o sus gobiernos para evitar una gravísima crisis social y política. Entonces lanzaron la nueva cepa y les está dando resultados. Todos los laboratorios transnacionales están ganando dólares como nunca. Todo es una burda manipulación para darle dinero a las transnacionales. Les falló apoderarse del petróleo en Medio Oriente, ahora se la están cobrando con el miedo de la gente en todo el mundo. La Organización Mundial de la Salud está comprada por ellos. Todos los gobiernos también. ¡Desgraciados imperialistas, malditas transnacionales!

Muertos. Ellos lo sabían. Los laboratorios biocriminales conocían que, mientras los pacientes estadounidenses irían de inmediato al médico para que les recetase y librar el problema, los mexicanos esperarían uno o dos días para acercarse a los malos servicios de salud, programados por el Consenso de Washington contra los pobres. Suficiente. Entonces los estadounidenses o europeos no morirían, mientras los mexicanos sí. Y eso les daría el margen suficiente para declarar el nivel adecuado de emergencia, para incrementar exponencialmente sus ganancias.

Calderón y Ebrard cómplices. El gobierno federal sabía desde hace semanas lo que se nos venía encima. Lo dejaron pasar para generar una campaña de miedo, igual que en el 2006. Es una verdadera lástima pero Marcelo Ebrard está cooperando con Calderón -ya ven: los restaurantes sólo pueden vender comida para llevar, no hay estadios abiertos para el futbol- para deshacerse del líder del pueblo bueno y trabajador, generoso y patriota. Este es un complo contra nuestro líder. El imperialismo, las transnacionales, el gobierno espurio y, los Chuchos (todos con tapabocas) y también Ebrard contra el Rayito de Esperanza. ¡Ojalá y sus médicos lo atiendan para evitar se enferme! Ese sería un paso superior del complo.

La mafia. ¡Ustedes creen que si AMLO fuese presidente, la mafia que le robó la Presidencia se hubiese atrevido a esta campaña criminal? ¡Nunca!; en cuanto se hubiesen conocido los primeros efectos de este complo, como "primero los pobres", las autoridades no hubiesen ocultado nada y habrían regalado las medicinas necesarias para derrotar a la influenza de los puercos. ¡Nunca mejor llamada!

El temblor en el DF: "Mira como tiemblo, puerca influenza". Dios no quiere a los chilangos, otra vez se demostró. Es el castigo de Dios por el fraude de julio del 2006. Y lo que falta de aquí al 2010 y al 2012, según lo anunciaran los mayas y Nostradamus.

Las masas. Se trata de evitar a toda costa que se reúnan las masas. Cuando la gente se reúne por miles, surge en forma natural el grito de "Es un honor/ estar con Obrador". Por eso se impide de todas las formas posibles se presenten grandes concentraciones. La manera de derrotar la próxima revolución es la soledad del individuo. Aislado frente a la historia; impotente frente al mandato de los dueños del universo. Por eso la mejor manera de derrotarlos es generar muchas concentraciones en las plazas principales del país, incluyendo el Zócalo. ¡Esperemos la consigna! "Influenza complotista/te tenemos en la lista". ¡A reunirnos todos, aunque sea para bailar!

sábado, 25 de abril de 2009

Rostros verdaderos

Me llegan al correo electrónico las quejas de no pocos candidatos, sobre todo de Acción Nacional, respecto a las campañas de descalificaciones de las que son objetos por parte de sus adversarios e incluso de críticos de diversas tendencias y con espacios en los medios informativos con presencia en cada plaza. Alguno de ellos, además, reclama su derecho a ser rico y tener ingresos fuera de las gestiones públicas como demostración fehaciente de su éxito personal ante un conglomerado asfixiado que, naturalmente, no le llega ni a los zapatos; y otro explica que por una sola noche de juerga le llaman borracho como si no fuera un ser humano común, con defectos incluidos, capaz de desfogarse de vez en cuando.

fin, las distorsiones son múltiples y por ello me abstengo de citar los nombres de los postulantes en ristre aun cuando cuento con registro puntual de cada uno de ellos porque, claro, de ganar las posiciones legislativas a las que se postularon cada justificación será un antecedente para moldear criterios respecto a los saldos de actuaciones y gestiones políticas llegada la hora. Es curioso: ninguno de los aludidos, ni siquiera por asomo de sencillez republicana, tolera el menor ejercicio de autocrítica lo que los ubica en el mismo plano de aquel legendario personaje del "polivoz", Eduardo Manzano, quien, contoneándose, exclamaba a los cuatros vientos sintiéndose arropado por la devoción de su progenitora:

--¡Ahí... madre!¡Ahí...! –expresión grotesca de vanidad imparable en el linde de la egolatría-.

Porque, claro, en el palenque de la lid comicial, todos son aspirantes a la santidad. En las fotografías se les observa, muy orondos, compartiendo espacios con esposas, hijos y hasta nietos, en semicírculos entrañables en los que no tienen cabida reproches ni episodios deshonrosos como los que, por ejemplo, atosigaron a Sarah Palin, la derrotada aspirante republicana a la vicepresidencia de Estados Unidos presentada como madre de una menor de edad quien había gestado a una pequeñita fuera de tiempo y sin matrimonio. Fue entonces, ante este "descubrimiento", cuando los votantes comenzaron a cuestionarse si el carisma de la dama era tan superficial como su supuesta férrea moral; y acabó siendo arrollada por la opinión pública.

En México, en cambio, nos enteramos de algunas severas irregularidades personales de los hombres públicos cuando éstos ya ocupan cargos de elección popular y han tomado distancia respecto a quienes sufragaron por ellos. ¿Cómo habrían reaccionado las santiguadas damas con alcurnia religiosa, quienes convirtieron al católico Fox en icono de la cristiandad, de haberse enterado que intimaba con su vocera –así fuera con sesgo platónico- mucho antes de matrimoniarse con ella sin reparar en las leyes de la Iglesia? Miles de votos, claro, se hubieran esfumado de las manos del fogoso Vicente quien casi convertía los templetes, en sus mítines, en prolongaciones de los púlpitos inviolables con el respaldo ilegal de las imágenes de la Guadalupana.

La cita, y lo asimilo, es delicada pero absolutamente válida porque se fundamente en hechos incontrovertibles. Y como él, otros aspirantes han centrado su propaganda en la unidad familiar sin exhibir sus verdaderos perfiles, muchas veces como desobligados –alegando razones de entrega al trabajo- o incluso con episodios escandalosos en cuanto a amantes, riñas y desviaciones de distinto tipo. Pero tales asuntos se ocultan con el reclamo, tantas veces visceral, de respeto a la privacidad... aun cuando con ello se engañe al colectivo demandando un liderazgo moral que no poseen.

Ninguno asume tener defectos. Y esto, por sí, debiera llamar a sospecha. ¿Cómo es que los políticos se proponen siempre como un dechado de virtudes y acaban irremisiblemente satanizados? Observen, como muestras, a los ex presidentes: todos ellos fueron casi perfectos, según sus panegiristas y ellos mismos, hasta el momento de bajar los peldaños que les condujeron a la ciudadanía común bajo severas sospechas de prevaricación, sobre todo, pero también de excesos formidables en cada renglón de la vida social. De la cofradía de la mano caída –y ésta se fundamenta en el amafiamiento y no en las preferencias sexuales que deben ser respetadas- a los abusadores infantiles de Cancún existe un amplio abanico de perversidades variopintas. Y bien lo sabemos.

No cuadran, por tanto, los amañados cuadros gregarios –a veces como anuncio de acentuado nepotismo-, con las historias ciertas y los currículos forjados al calor de la vida misma en la que cada quien construye su propio entorno. Los dirigentes, y cuantos se ofrecen para "sacrificarse" en aras del servicio público, no surgen de la chistera de un mago sino del núcleo social en donde, tantas veces, pasan más bien desapercibidos hasta que son beneficiarios de una candidatura.

Basta, para corroborar lo anterior, preguntarnos unos a otros cuándo conocimos a quien hoy, retratado en miles de cartelones casi con aureola, se propone para ser representante de un colectivo que apenas lo está descubriendo. La falacia, entonces, cae por su propio peso.

Debate. Cuando se pregunta a cualquier postulante sobre sus defectos la recurrencia es hacia los lugares comunes: "me entrego demasiado al trabajo y descuido a mi familia", suelen repetir agolando las voces. Y así otras joyas: "me sublevo ante la mentira porque no la tolero", dijo por allí un juicioso aspirante arrogándose el derecho a arrojar del templo a los fariseos pero con riesgo a ser incluido entre éstos. Esto es: el fallo, en sus justificaciones de circunstancias, se exalta como cauce de sus propios y acendrados aciertos personales, sin matices.

Dicen que sería un espléndido negocio comprar a uno de estos candidatos en lo que de verdad valen y venderlos después en lo que ellos mismos creen que valen. Los márgenes de ganancia serían espléndidos, mucho mayores a los que devienen de los negocios más redituables del presente, el narcotráfico y el contrabando de armas, por ejemplo.

En lo personal, me encantaría decidirme a votar por aquel que, juicioso y sereno, ofreciera a la ciudadanía un pormenorizado recuento de sus propios errores proponiendo fórmulas para intentar enmendarlos. Y no sólo ponderar sus sonrisas, bienaventuranzas incluidas, que los elevan sobre una comunidad depauperada y triste por la recurrencia de falsarios convertidos en administradores de los bienes públicos. ¿Han escuchado, siquiera, a alguno de ellos disculparse, en serio, con quienes los eligieron por cuanto no fueron capaces de cumplir? Sólo uno me viene a la memoria, José López Portillo, quien en su discurso inaugural al asumir la Presidencia en diciembre de 1976 pidió perdón a los desposeídos "por no haber acertado a sacarlos de su postración". Pero aquel fue más bien un lance demagógico con mucho de histrionismo en la hora de su asunción al poder; luego, en el ostracismo, no admitió siquiera haber sido frívolo y le enfadaba ser calificado así pese a las evidencias incontrovertibles.

Bueno, la autocrítica también está ausente hasta en quienes no logran sus objetivos –cualquiera que hayan sido las causas-, y no son capaces de meditar, siquiera un instante, sobre sus propios yerros. El caso más a la vista es, sin duda, el del autodesignado "presidente legítimo", quien envía misivas, con faltas de urbanidad política, a los jefes de Estado extranjeros –la más reciente al presidente Obama- fustigando al sistema que, por otra parte, le permitió ser jefe del gobierno defeño jugando con las mismas reglas electorales a las que luego incordió. (Y tal no pretende, de manera alguna, obviar el tremendo desaseo en escrutinios e intervenciones de la cúpula del poder que acaso incidieron en el vuelco oficioso de las preferencias generales en 2006).

Pues bien, este personaje, ávido siempre de reflectores, ni siquiera se ha sentado un momento para reflexionar sobre las graves equivocaciones que se tradujeron en otro fraude mayúsculo: el cometido por él y sus operadores contra cuantos creyeron, votaron e hicieron causa común con él, al no haber sido capaz de defender y proteger, por las vías correspondientes y no por la exaltación callejera, tales sufragios y apoyos.

El reto. ¿Partido o candidato? Fíjense, amables lectores, que la distorsión superficial sobre derechas e izquierdas no es óbice para apreciar, en distintos escenarios, coincidencias notables en la praxis de elementos que supuestamente están separados por firmes cuestiones ideológicas. Dicho de otra manera: hay socialistas que proceden como conservadores y miembros de la elite social superior que acaban siendo vanguardistas.

Una tarde, durante la campaña presidencial de 1994, pregunté al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, quien nació entre algodones como heredero de un histórico ex presidente:

--Zedillo –su adversario priísta- procede de una familia clasemediera y trabajadora; usted, en cambio, proviene de un hogar sin penurias económicas. ¿Cómo explicar las posturas de uno y otro de cara al electorado?

El michoacano, uno de los mexicanos más coherentes de cuantos conozco, me respondió sin titubeos:

--Lo importante es lo que representa cada uno: yo busco el bien colectivo y me anima el respaldo popular; él, en cambio, es un servidor de la oligarquía.

Por ello, claro, más vale examinar a los candidatos que votar ciegamente por los partidos bajo el supuesto de una fidelidad sectaria.

La anécdota. A finales de 1987, cuando Carlos Salinas se aprestaba a iniciar su campaña presidencial, se "filtró" la información acerca de que su adversario del PAN, Manuel Clouthier, preparaba un golpe tremendo: presentar a los familiares de una servidora doméstica, Manuela –sin apellidos conocidos-, quien fue muerta en 1955 a causa de las jugarretas infantiles de los hermanos Salinas de Gortari y un vecinito de ellos. Fue entonces cuando Fernando Gutiérrez Barrios, entonces gobernador de Veracruz y operador político del candidato priísta, dio una particular réplica:

-Si Clouthier procede así, entonces tendremos que divulgar que él encierra a sus trabajadores cuando llegan a sus empresas los inspectores del Seguro Social para no darles el alta. Eso y otras cosas.

La advertencia, por lo visto, surtió efecto. Ni una cosa ni otra se produjeron en tanto avanzaba la convocatoria del Frente Democrático Nacional que postuló al ingeniero Cárdenas. Perfiles amañados y consecuencias funestas. Y hubo más, mucho más.

Siguen los olvidados

"Hace poco una persona que se infectó trabajando aquí murió por no tener atención médica y a otra tuvieron que cortarle la pata", le dijo a un reportero de El Norte un hombre de Jerez, padre de tres niñas que, con su esposa, le ayudan en la pepena. De acuerdo con un reportaje publicado en este periódico el domingo 19 de abril, los cinco, las niñas obviamente menores de edad, trabajan en la recolección ("pepena") de objetos "inservibles" que van a dar al basurero municipal jerezano.

En ello padres e hijas ocupan 10 horas diarias y viven allí cerca, en un área conocida como el cinturón de la marginación, que abarca las colonias El Molino, CNOP, Las Granjas y Frente Popular, entre otras más, todas ellas pobladas por precaristas. El DIF local registra que en este "centro de trabajo" hay solo 25 niños que pepenan y que dejaron sus estudios, como Rubén, de 11 años, que prefiere sacar dinero para comer que ir a la escuela y que dijo que estudió hasta segundo de primaria y que en este momento estaría cursando el quinto año.

Contra el "optimismo" oficial, una pepenadora le asegura al reportero que: "Aqui se han llegado a ver más de 100 niños". Los que sean, son muchos los menores y sus familias que se tallan el lomo, victimas de las enfermedades infecciosas, la contaminación y el analfabetismo, para escarbarle a la basura entre 150 y 250 pesos semanales, que es lo más que obtienen por lo que otros, más afortunados que ellos, tiraron al "bote" como desperdicios.

Los niños no llegan solos al tiradero de basura: "La mayoría de las mamás traemos a nuestros hijos para que nos ayuden, preferimos que estén aquí a que anden de vagos", explicó Teresa, pepenadora de 43 años. Asi, la comunidad del basurero sustituye a la escuela, ya sabe usted con que tecnica educativa.

La crisis financiera global que está devastando la economía mundial no escribió este drama urbano. En todo caso es un derivado de muchas otras crisis, empezando por la de 1929, que han demostrado historicamente el fracaso de las ciudades como modelo de convivencia humano y civilizado.

Luis Buñuel redactó un desgarrador documento cinematográfico sobre los cinturones de pobreza, como el que hoy padece la hermosa y muy turística ciudad de Jerez, Zacatecas con sus 54,757 habitantes, contados en el 2005. "Los Olvidados" fue filmada por Buñuel en 1950 en y sobre la ciudad de México. Retirada de la exhibición a los 4 días de estrenada, por sediciosa, se permitió su reestreno después de que ganó el premio al mejor director en el Festival de Cannes de 1951.

Los Olvidados eran como los niños pepenadores de Jerez, hijos y padres de precaristas como ellos. Seres olvidados, los de Buñuel en el D. F., en 1950, y los de El Norte en Jérez, en 2009, por una sociedad olvidadiza e irresponsable que compra cuatro minutos en el espacio a graveded cero, a 50 mil dólares el minuto, en la excursión sideral que presentó el miércoles la exclusiva agencia de viajes de El Palacio de Hierro de San Pedro.

Son ya 300 los olvidadizos que han asegurado boleto de 300 mil dólares en el tour sideral de cuatro minutos que organiza Virgin Galactics y sus agencias concesionarias en el mundo, la de El Palacio de Hierro entre ellas, mientras que miles de olvidados mueren de miseria, hambre y otras enfermedades e infecciones comunes en Jerez, el D. F., Monterrey, Guadalajara, y muchas otras ciudades de Africa, Centro y Sudamérica, Estados Unidos, Asia y Europa.

Y no vale decir que Jerez está lejos de nosotros porque, usted lo sabe, el cuadro se repite igual aquí en Culiacan o en Monterrey, allá en Tijuana, aquí en Cadereyta, en Guadalajara, en Ecatepec, en Frontera, en Pánuco, bien

aquí en San Pedro Garza García, en Juárez, en Moroleón, en Cuatro Ciénegas, en Mérida, en Reynosa o allá en Saltillo. Niños y niñas, hombres y mujeres, los hijos, sus madres y sus padres mueren pepenando basura para vivir y morirse de hambre y analfabetas.

Han pasado 60 años desde que la burguesía celestificada trató de callar a Buñuel que los denunció como olvidadizos. Pero, después de esos crueles 60 años, los olvidados continuan siendo Los Olvidados. Que Dios nos perdone.